Santander. La catedrática de Ética Victoria Camps, que acaba de recibir el Premio Internacional Menéndez Pelayo, cree que el “gran problema” de las democracias, al margen de la corrupción, es el “excesivo partidismo”, que hace que el debate político “sea siempre bastante superficial”.
Camps, quien ha sido premiada por su contribución al pensamiento filosófico español, ha explicado hoy, en una entrevista con RNE y la agencia EFE, que el hecho de que en política las posiciones estén previamente definidas lleva a que no se pueda introducir en el debate político “una discusión más profunda”.
Y eso es algo, según ha confesado, que echó de menos cuando fue senadora del grupo socialista, una etapa que duró tres años, de 1993 y 1996) y durante la que comprendió que hacer política es más difícil de lo que puede parecer a aquellos que se limitan a criticarla.
“Debería inculcarse que las instituciones son sagradas y que aunque a veces sus miembros fallen, sobreviven”
A su juicio, lo ideal sería que no hubiera profesionales de la política, aunque ha reconocido que, en la práctica, no son muchos los que están dispuestos a dejar su trabajo un tiempo para dedicarse a ella y después volver “como si no hubiera pasado nada”.
A las elecciones se presentó como independiente dentro de la lista del PSC-PSOE y es consciente de que desde entonces se ha “retratado” porque “el carné te lo cuelgan” y “hay que cargar con ello”, algo que está también presente en su relación con sus alumnos.
Acostumbrada a tratar diariamente con jóvenes, Victoria Camps entiende que no participen más en las instituciones porque, si la democracia está funcionando, es normal que “no se sientan felices de meterse en el sistema”, ha dicho.
Lo que sí cree que falla en España, y no sólo entre los jóvenes, sino en la sociedad en general, es el respeto a las instituciones, que no debe faltar nunca, aunque haya crítica y rebeldía.
“Eso debería inculcarse, que las instituciones son sagradas y que aunque a veces sus miembros fallen, sobreviven”, ha subrayado esta catedrática, quien considera que transmitir esa idea tendría que ser uno de los objetivos de la Educación para la Ciudadanía.
Educar y reflexionar
Desde su punto de vista, esa asignatura ha sido introducida en el sistema educativo porque “las democracias no construyen ciudadanía de una forma automática, sino que hay que educar a las personas para ser ciudadanos”.
Victoria Camps ha señalado que la Iglesia se está oponiendo de una forma directa a una educación que está recogida en la Constitución, donde se dice que educar es formar la personalidad humana. “Y eso lo tenemos que hacer de alguna manera”, ha apuntado.
“La Iglesia se está oponiendo de una forma directa a una educación que está recogida en la Constitución, donde se dice que educar es formar la personalidad humana”
No obstante, ha augurado que la Educación para la Ciudadanía se va ir aceptando, aunque a ella lo que le preocupa no es tanto “ese tipo de oposición” como que el mundo educativo “se la tome en serio, no sólo como una asignatura que hay que impartir”.
“Y no se puede educar para la ciudadanía sólo en los centros. Tienen que contribuir los medios, las familias, los municipios… tiene que ser una responsabilidad compartida”, ha añadido.
Victoria Camps ha afirmado que siempre ha disfrutado dedicándose a la filosofía, que tiene un servicio que hacer a la sociedad: invitarla a detenerse a pensar, a reflexionar si está haciendo bien lo que hace.
De esa reflexión ética sostenida necesitan, en su opinión, los medios de comunicación, el mundo de la educación, la investigación y la práctica médica y la política, donde a veces se hace autocrítica como ha ocurrido, a su juicio, en la lucha contra el terrorismo, un ámbito en el que ahora “hay más acuerdo, más unidad”.






















