Madrid. Como el proverbial canario de la mina de carbón, los pingüinos parecen estar dando la alarma sobre cambios potencialmente catastróficos en los océanos del mundo, y el culpable no es sólo el cambio climático.
A éste se le añaden la contaminación petrolera, la sobreexplotación de zonas de pesca, y la urbanización frenética del litoral que amenaza el hábitat de crianza de muchas especies de pingüino. Esta combinación de fenómenos nocivos está llevando a un rápido declive de su población. “Los pingüinos están entre aquellas especies que nos demuestran que estamos haciendo cambios fundamentales en el mundo”, señala Dee Boersma, bióloga experta en conservación de especies de la Universidad de Washington.
“Los pingüinos están entre aquellas especies que nos demuestran que estamos haciendo cambios fundamentales en el mundo”
Hay de 16 a 19 especies de pingüinos, que en su mayoría se encuentran distribuidos en 43 áreas geográficas, muchas de ellas en el Hemisferio Sur. Pero sobre la mayor parte de estas colonias se conoce tan poco que incluso sus tendencias poblacionales constituyen un misterio. El resultado es que muy pocas personas se habían dado cuenta de que muchas de esas colonias han estado experimentando declives abruptos.
Boersma sostiene que las aves sirven como centinelas para el medio ambiente que sufre cambios radicales. Ella aboga por un amplio esfuerzo internacional que se dirija a chequear de manera regular las colonias más grandes de cada especie de pingüino, al menos cada cinco años, para saber cómo sus poblaciones están cambiando, cuáles parecen ser las mayores amenazas, y qué significan esos cambios para la salud de los océanos.
El cambio climático, la contaminación petrolera, la sobreexplotación de zonas de pesca, y la urbanización frenética del litoral están poniendo en peligro el hábitat de muchas especies de pingüinos
Durante los 25 años que se ha pasado trabajando con científicos de la Wildlife Conservation Society y la Universidad de Washington, Boersma ha estudiado la colonia de cría de pingüinos más grande del mundo de la especie Spheniscus magellanicus, conocida como Pingüino de Magallanes o Pingüino Patagónico, en Punta Tombo, costa atlántica de Argentina. Hoy esa población ha disminuido hasta la mitad con respecto a la existente entre finales de 1960 y principios de 1980.
También los pingüinos africanos han disminuido hasta un 4% de la población que existía hace cien años. El número de pingüinos de las Islas Galápagos ha disminuido en 2.500 aves, aproximadamente un cuarto de la población existente cuando Boersma estudió por primera vez esas colonias en la década de 1970. El número de pingüinos de Adelia y de la especie Pygoscelis que viven en la Península Antártica, ha disminuido en un 50% desde mediados de los años 70. Otras especies en África, América del Sur, Australia, Nueva Zelanda, las Islas Malvinas, y la Antártida, también han sufrido declives significativos de la población.






















