NASA. La galaxia 'Baby Boom' es un caso extremo dentro de la clase de galaxias que experimentan un nivel muy alto de formación de estrellas
California. Un equipo de astrónomos ha descubierto una colosal fábrica de estrellas en una galaxia muy remota del universo, que está creando estrellas a un sorprendente ritmo de hasta 4.000 por año. En comparación, la Vía Láctea, nuestra galaxia, tiene un promedio de apenas 10 estrellas por año.
El descubrimiento, que ha sido posible gracias a la potencia de detección de varios telescopios, incluyendo el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA, contradice la teoría de formación de galaxias más aceptada. Según esta teoría, la del Modelo Jerárquico, las galaxias generan sus estrellas lentamente con el paso del tiempo, absorbiendo minúsculos fragmentos de galaxias, y no en una gran explosión de nacimientos estelares como muestran las observaciones en la galaxia recientemente descubierta.
“Esta galaxia está experimentando un excepcional baby boom, produciendo la mayor parte de sus estrellas de una vez”, subraya Peter Capak, del Centro Científico Spitzer de la NASA, en el Instituto Tecnológico de California, Pasadena. “Si la población humana se reprodujera a un ritmo similar, casi toda persona hoy viva tendría la misma edad”.
El descubrimiento, que ha sido posible gracias a la potencia de detección de varios telescopios, incluyendo el Telescopio Espacial Spitzer de la NASA, contradice la teoría de formación de galaxias más aceptada
La galaxia ‘Baby Boom’ es un caso extremo dentro de la clase de galaxias que experimentan un nivel muy alto de formación de estrellas. Hasta tal punto, que es la nueva poseedora de un récord, como la galaxia de ese tipo más brillante en el universo distante.
La espectacular galaxia fue descubierta y caracterizada usando diversos telescopios, y mediante la observación en diferentes longitudes de onda. El telescopio espacial Hubble de la NASA y el telescopio japonés Subaru en la cima del monte Mauna Kea en Hawai, fueron los primeros en captar a la galaxia en luz visible.
Esto no sucedió hasta que los telescopios Spitzer y James Clerk Maxwell, éste también en el Mauna Kea en Hawai, la observaron en longitudes de ondas infrarrojas y submilimétricas, respectivamente. Fue entonces cuando se destacó como la más brillante del grupo. Ello se debe a que tiene un número enorme de estrellas jóvenes. Cuando nacen las estrellas, brillan mucho en luz ultravioleta y esparcen una gran cantidad de polvo. El polvo absorbe la luz ultravioleta, pero, de modo parecido a lo que le ocurre a un automóvil que se deja expuesto al sol, este polvo se calienta y reemite la luz en longitudes de onda infrarrojas y submilimétricas, tornando inusualmente brillante a la galaxia para los telescopios Spitzer y James Clerk Maxwell.
Capak y su equipo utilizaron mediciones ópticas del Telescopio Keck para determinar la distancia exacta a la galaxia: 12.300 millones de años-luz. Eso es como mirar hacia atrás en el tiempo, a una época en la que el universo tenía sólo unos 1.300 millones de años de edad. El universo tiene hoy aproximadamente 13.700 millones de años.
“Si el universo tuviera hoy la edad de un humano en edad de jubilarse, estaríamos viendo esa galaxia en la época en que el universo tenía cerca de 6 años de edad”, explica Capak.
Los astrónomos hicieron mediciones en longitudes de onda de radio con el telescopio VLA en Nuevo México. Junto con datos de los telescopios Spitzer y James Clerk Maxwell, estas observaciones permitieron que los astrónomos calcularan un ritmo de formación estelar de entre 1.000 y 4.000 estrellas por año. A este ritmo, la galaxia necesita sólo 50 millones de años, un lapso modesto en la escala cósmica del tiempo, para convertirse en una similar a las más masivas que vemos hoy.





















