Familia. La educación en valores como forjadores de la personalidad madura es el objetivo de distintas fichas formativas elaboradas por la Comisión Organizadora del VI Encuentro Mundial de la Familia Cristina y las incorporaremos a esta sección por su valor instructivo en tiempos de desnaturalización, donde todo vale y todo vale lo mismo. En este caso la ficha formativa se refiere a la fortaleza, a la esperanza, al señorío de sí, a la tolerancia, a la paciencia, a la prudencia, al trabajo, a la laboriosidad, a la autoridad, y al orden. El dominio de sí es la capacidad de hacer que las diversas dimensiones de la propia personalidad estén ordenadas de acuerdo al verdadero bien propio y de los demás.
El autodominio consiste en el señorío del hombre sobre su cuerpo y sobre su psique, desde la libertad. El autodominio no es un cultivo egocéntrico, sino el esfuerzo por ser libre para mejor servir
La importancia del dominio de sí, nos puede sonar fuera de lugar, cuando estamos preocupados por el dominio de lo que nos rodea, y en ocasiones, el dominio del otro. Nuestra época es de casi total permisividad, de no negarnos nada. Esto nos hace olvidar lo importante que es para el sano desarrollo de la persona y la comunidad el forjar hombres y mujeres capaces de alcanzar el dominio de sí mismos. El autodominio consiste en el señorío del hombre sobre su cuerpo y sobre su psique, desde la libertad. El autodominio no es un cultivo egocéntrico, sino el esfuerzo por ser libre para mejor servir. Corremos el riesgo de ser dominados por las cosas, en vez de usarlas para nuestro bien y de cara a las personas debemos servirlas mediante el amor. El dominio de sí es un valor que los padres transmiten a los hijos, sobre todo por el ejemplo cotidiano, aún sin pretenderlo. No se educa por lo que se quisiera hacer o decir, sino por lo que de hecho decimos o hacemos. A continuación presentamos algunas virtudes para alcanzar el dominio de nosotros mismos.
Templanza. Templanza es el hábito que pone por obra el orden interior del hombre, dado que a partir del pecado original hay una tendencia a amarse a sí mismo más que a Dios. Su efecto en el alma es una paz profunda. La templanza se manifiesta en distintas formas: La modestia inclina a la persona humana a comportarse correctamente en lo exterior e interior, por ello afecta al vestido, al modo de tratar a los demás, etc. La humildad modera la tendencia a la autoexaltación, dando el justo conocimiento de uno, principalmente ante Dios. La sobriedad mantiene el orden de la comida y de la bebida como un don de Dios, y aconseja la bendición de la mesa y la acción de gracias después de la comida.
Orden. El orden como virtud significa actuar de acuerdo con unas normas para el logro de algún objetivo, en la organización de las ideas y de las cosas, en la distribución del tiempo y la realización de las actividades. Requiere entrenamiento, esfuerzo y sacrificio. Ordenar nuestras ideas demanda reflexión y vencer la distracción. Ordenar las cosas implica establecer un lugar para cada cosa. Y ordenar el tiempo significa darle tiempo a lo importante y necesario y posponer lo meramente atractivo. El orden debe ser gobernado por la prudencia, para no convertirse en una manía que provoque conflictos con otros. El orden optimiza los recursos. Es una forma de dar gracias a Dios por los dones recibidos.
Laboriosidad. La laboriosidad es la virtud por la que se lleva a cabo lo necesario para el cumplimiento de los deberes. Normalmente asociamos la laboriosidad con el trabajo, que implica obligación, disciplina, productividad y logro de un fin. La laboriosidad tiene que ver con los deberes cotidianos, en el hogar, la familia, la Iglesia y como hijos de Dios. Implica realizar todo con generosidad, afán de servicio y deseando agradar a Dios. Podemos caer en dos vicios contrarios a la laboriosidad: la pereza y el activismo. La pereza no es sólo no hacer nada, sino dejar de hacer algo por ser costoso. Podemos ser falsamente laboriosos cuando el trabajo es un refugio ante otros deberes.
Fortaleza. La fortaleza es la virtud que resiste a las dificultades y acomete empresas grandes. Vivir la fortaleza significa una suma de esfuerzos, que llegan a ser una muestra de amor. Hay que educar a los hijos a ser fuertes para vivir el bien y evitar que orienten su energía al mal. Esta firmeza se manifiesta en el trabajo, en la vida familiar, ante el dolor y la enfermedad, ante los desánimos, apoyados en Dios nuestro Padre que permanece junto a sus hijos. El martirio es la mayor expresión de la fortaleza. El Señor no pide a todos los cristianos que derramen su sangre, pero sí la entrega de la vida, en el cumplimiento del deber, siendo coherentemente cristianos, en ambientes difíciles.
Paciencia. La paciencia es la capacidad de soportar algo sin alterarse. Hace a las personas tolerar, comprender y soportar los contratiempos. Ser pacientes no significa ser débiles, por ejemplo, no se trata de no corregir cuando es necesario, sino de dar tiempo para escuchar, razonar y en su momento, opinar o actuar. En nuestras relaciones con la familia, se requiere dominar el carácter, las pasiones y altibajos de humor. Ser pacientes en familia es fruto del amor y la humildad. La paciencia ayuda a tener buena comunicación, resolver conflictos, logrando afianzar el amor y la armonía familiar. No debemos fingir paciencia, es decir, aparentar escuchar sin alterarse, buscando escapar de la situación lo más rápido posible sin herir. El amor es paciente. Dios nos da ejemplo. Nos invita a superar nuestras debilidades, y nos da las armas necesarias para hacerlo, habiéndonos enviado a su propio Hijo.
Prudencia. “Sean, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas” (Mt 10, 16-18). Nuestro Señor nos invita a fijarnos en los animales que miden sus movimientos por instinto, pero nosotros debemos utilizar la razón para vivir la prudencia. Los actos prudentes incluyen el ejercicio de la voluntad para realizar lo decidido. La prudencia es la capacidad de discernir en la toma de nuestras decisiones. La prudencia no consiste sólo en abstenerse de actuar sino proceder cuando el bien así lo requiere. Esta virtud gobierna a todas las demás. La prudencia, como virtud infusa es un don de Dios, pero requiere ser ejercitada para crecer y desarrollarse. Los padres pueden empezar a educar a sus hijos en la prudencia ayudándoles a pensar antes de actuar en las consecuencias de su conducta. Hay que educar a los hijos en la prudencia ante todo con el ejemplo, pero conviene ayudarles a pensar, con preguntas: ¿qué pasará si vas a esa fiesta?, ¿qué pasa si no terminas tu tarea?, ¿es bueno hacer tal o cual cosa?, y ¿por qué?, ¿piensas que esto es lo que Dios quiere? Luego habrá que motivarles a llevar a cabo lo decidido, reconociendo sus buenas acciones. Finalmente, hay que enseñar a los hijos a contar con la ayuda de Dios para actuar prudentemente, sabiendo que la gracia de Dios facilita el actuar correctamente.
:: Caso o hecho de vida
La torre de control de cualquier aeropuerto del mundo manda en los aviones que le piden instrucciones; pues en el curso del viaje muchos datos son imprevisibles. Los pilotos hacen caso de esta información, sea cual sea su experiencia, horas de vuelo, entereza de ánimo y el conocimiento de la ruta. La torre conoce el estado de la pista de aterrizaje, la dirección del viento, etc. Y tiene informes de otros centros meteorológicos, de aviones en vuelo, conoce las dificultades que han tenido otros al aterrizar en aquellas condiciones, etc. Ningún piloto que acude por radio a la torre se siente lesionado en su libertad. El piloto sabe que la torre le suministra una claridad de la que depende su vida y la de sus acompañantes. Tan importante es el pronóstico de la torre que su utilización es obligatoria en todos los vuelos del mundo. Cualquier otra conducta sería irresponsable.
:: Síntesis
Proporcionar a los hijos posibilidades no sólo para que hagan cosas con esfuerzo, sino para que aprendan a resistir en caminos de mejora que suponen un esfuerzo continuado. Enseñar qué cosas valen la pena, permiten crecer, apoyan la personalidad y así ser personas capaces de vivir lo que dicen y lo que piensan: ser congruentes. Los padres deben recordar la necesidad de la superación personal, ejemplo para los hijos y el propio bien.
"Nosotros no podemos aplicar esta ley porque se hacen 100% en clínicas privadas, y según esta ley, tienen un tiempo de espera de 4 meses para la reacreditación
Los siete jueces del Tribunal dicen por unanimidad sentencian que el Convenio no obliga a ningún Estado firmante a reconocer el derecho a casarse a los homosexuales. Esta decisión corresponderá tomarla, en su caso, a cada Estado
Psicológicamente cada uno construiría su propio género en virtud de esta ideología, lo cual, insiste Jorge, es como considerarnos idénticos cuando ni siquiera dos gemelos lo son
"Mientras un profesor de Pekín se juega el tipo por poner una pequeña zancadilla a la política del hijo único, algunos profesores británicos proporcionan al gobierno chino nuevos argumentos para mantener esta política"
En Escocia los alumnos pertenecen a la clase que les corresponde por su edad, pero a las horas de las asignaturas fundamentales cada uno está con el grupo adecuado a su nivel de conocimientos
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Las políticas, que «incentivan las relaciones sexuales sin responsabilidad llevan 30 años fracasando dramáticamente
El número de divorcios, separaciones y nulidades matrimoniales se redujo de 2008 a 2009 en 7.867, según los datos del Consejo General del Poder Judicial






















