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¿Fe prodigiosa o grandes cualidades?
“El sello del cristiano es el amor”
Peatóm | 1·02·2010 | 00:00

El Ángelus | Benedicto XVI. La caridad es la síntesis de toda la vida del cristiano, su signo distintivo y auténtica perfección. Ésta no consiste en cualidades excepcionales, ni en una fe prodigiosa, ni en enormes heroísmos.Esa perfección es el amor auténtico. Recordatorio de Benedicto XVI en el Ángelus de este domingo, junto a su aliento a los sacerdotes como padres y educadores; a los enfermos de lepra; a la paz en Tierra Santa; y a la responsabilidad ante el drama del desempleo.

Una de las páginas más bellas del Nuevo Testamento y de toda la Biblia» es el «himno a la caridad», que canta san Pablo, que propone la liturgia dominical y que Benedicto XVI ha desgranado ante fieles y peregrinos que, en la Plaza de San Pedro, se han unido al Papa en el rezo del Ángelus. Pablo muestra el «camino de la perfección»: «Ésta no consiste en poseer cualidades excepcionales: hablar lenguas nuevas, conocer todos los misterios, tener una fe prodigiosa y realizar gestos heroicos»; «consiste en la caridad, en el amor auténtico, el que Dios nos ha revelado en Jesucristo».

“El «camino de la perfección no consiste en poseer cualidades excepcionales: hablar lenguas nuevas, conocer todos los misterios, tener una fe prodigiosa y realizar gestos heroicos; consiste en la caridad, en el amor auténtico, el que Dios nos ha revelado en Jesucristo”

«La caridad es el don “mayor”, que da valor a todos los demás; sin embargo “no es jactanciosa, no se engríe”, sino que “se alegra con la verdad y el bien de los demás»; «quien ama verdaderamente “no busca su propio interés”, “no tiene cuenta del mal”, “todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”», citó el Papa.  «Al final —prosiguió—, cuando nos encontremos cara a cara con Dios, todos los demás dones decaerán; el único que permanecerá eternamente es la caridad, porque Dios es amor y seremos semejantes a Él, en comunión perfecta con Él».

«Por ahora, mientras estamos en este mundo, la caridad es el distintivo del cristiano —subrayó—. Es la síntesis de toda su vida: de lo que cree y de lo que hace». Es por lo que el Papa dedicó su primera encíclica al tema del amor: Deus caritas est, profundizando en los dos aspectos de la caridad —su significado y su actuación práctica— que hoy ha vuelto a proponer. «El amor es la esencia de Dios mismo, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre. Al mismo tiempo, el amor es, por así decirlo, el “estilo” de Dios y del creyente, es el comportamiento de quien, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de sí a Dios y al prójimo». Y es en Jesucristo en quien «estos dos aspectos forman una perfecta unidad», porque «Él es el Amor encarnado», sintetizó.

«Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que, como nos exhorta san Pablo en la liturgia de ese domingo, sepamos vivir una vida de auténtico amor. De un amor que se alimenta del encuentro con Cristo en la Eucaristía y se manifiesta en gestos concretos de atención y caridad hacia el prójimo». San Pablo «nos recuerda que el amor desinteresado verifica nuestra fe, la rectitud de intención y el valor de las obras», porque tal es «un reflejo del eterno amor de Dios, en el que se revela el sentido final de nuestra vida y de nuestras acciones».

Este domingo se recuerda en particular al fundador de la familia salesiana y patrono de los jóvenes, san Juan Bosco. «En este Año sacerdotal desearía invocar su intercesión —expresó el Papa— para que todos los sacerdotes sean siempre educadores y padres de los jóvenes; y para que, experimentando esta caridad pastoral, muchos jóvenes acojan la llamada a dar la vida por Cristo y por el Evangelio». La mirada del Papa al rostro sufriente de la tierra, este domingo, se dirige a los enfermos de Lepra, en su Jornada Mundial. Con el aliento a cuantos sufren todavía este flagelo, y a los sanitarios y voluntarios que luchan por un mundo sin lepra. Para todos ellos invoca la intercesión del padre Damián de Veuster -a quien canonizó el pasado octubre-, «quien dio la vida por estos hermanos y hermanas» enfermos.

Especial recuerdo de Benedicto XVI además a Tierra Santa en esta segunda Jornada de Intercesión por la Paz en la región. Fuerte cadena de oración a la que se une el Papa, con el patriarca latino de Jerusalén, el custodio de tierra santa y numerosos cristianos en todo el mundo.

Y la crisis económica mueve el último llamamiento de Benedicto XVI, dada la pérdida de tantísimos puestos de trabajo. Una situación, advierte, que «requiere un gran sentido de responsabilidad de todos: empresarios, trabajadores, gobernantes», «porque es necesario hacer todo lo posible para proteger e incrementar el empleo, asegurando un trabajo digno y adecuado en sustento de las familias».


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