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ESTABLECIMIENTO DE CARIDAD
“Sin verdad, la caridad se desliza al sentimentalismo”
Peatóm | 15·02·2010 | 00:00

Caridad. El gesto del Papa forma parte de sus encuentros, cada vez más frecuentes, con las personas acogidas en lugares de pobreza y dolor. Así, el obispo de la diócesis de Roma, que «preside en la caridad» —recordaba san Ignacio de Antioquía—, da testimonio del amor del Señor por los humildes y los heridos en el cuerpo y en el espíritu. Igualmente indica a la comunidad romana una situación concreta de sufrimiento que viven personas de toda edad y condición, pasado y procedencia geográfica.

Más de una hora ha durado el paso de Benedicto XVI, detenido, por el albergue de Caritas, su poliambulatorio, la farmacia y el comedor, donde bendijo una placa conmemorativa. Más de una hora de encuentros con voluntarios, responsables, personas albergadas y muchísimas muestras de cariño recíproco y palabras de aliento, con las que también han correspondido al Santo Padre cuantos reciben acogida en la estructura.

Mueve a la Iglesia en su servicio al necesitado «el deseo de expresar su propia fe en el Dios que defiende a los pobres y que ama a cada hombre por lo que es y no por lo que posee o realiza»

En funcionamiento desde hace 23 años, esta estructura caritativa vio la luz con la colaboración de Ferrovie dello Stato (entidad estatal de gestión ferroviaria), el apoyo del Ayuntamiento de Roma y otras entidades civiles y públicas que pusieron a disposición sus medios. El albergue de Caritas —dijo el Papa en su discurso— «se convirtió en un lugar donde, gracias al generoso servicio de tantos trabajadores y voluntarios, se realizan cada día las palabras de Jesús: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era extranjero y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis”».

Calidez y afecto del Santo Padre en sus palabras a las personas acogidas: «Sabed que la Iglesia os ama profundamente y no os abandona, porque reconoce en el rostro de cada uno de vosotros el de Jesús». Subrayó igualmente que pertenece a la misión de la Iglesia dar testimonio de caridad junto al anuncio de la verdad del Evangelio, porque «el hombre no necesita sólo alimentarse materialmente o recibir ayuda para superar los momentos de dificultad, sino que necesita también saber quién es y conocer la verdad sobre sí mismo, sobre su dignidad». Y recordó cuanto escribió en su encíclica Caritas in veritate: «Sin verdad, la caridad se desliza al sentimentalismo».

Y éste es el anuncio «de la verdad sobre el hombre»: «que es amado por Dios, creado a su imagen, redimido por Cristo y llamado a la comunión eterna con Él». Verdad con la que tantas personas «han podido redescubrir y siguen redescubriendo su propia dignidad, extraviada a veces por sucesos trágicos, y reencuentran la confianza en sí mismas y la esperanza en el futuro», tocando con su propia mano «que sus vidas están custodiadas por el Amor».

Puesto que su visita ha tenido lugar en el «Año europeo de la lucha contra la pobreza y la exclusión social», Benedicto XVI ha exhortado «no sólo a los católicos, sino a todo hombre de buena voluntad, en particular cuantos tienen responsabilidades en la administración pública y en distintas instituciones, a comprometerse en la construcción de un futuro digno del hombre, redescubriendo en la caridad la fuerza propulsora de un auténtico desarrollo y de la realización de una sociedad más justa y fraterna».

Y es que «para promover una convivencia pacífica que ayude a los hombres a reconocerse miembros de la única familia humana es importante que las dimensiones del don y de la gratuidad se redescubran como elementos constitutivos de la vida cotidiana y de las relaciones interpersonales —advirtió—. Todo ello es cada día más urgente en un mundo en el que, en cambio, parece prevalecer la lógica del beneficio y de la búsqueda del propio interés».

El albergue de Caritas diocesana romana «manifiesta concretamente que la comunidad cristiana», «sin prescindir de la Verdad que anuncia», «colabora útilmente con las instituciones civiles para la promoción del bien común», subrayó; sólo mueve a la Iglesia en su servicio al necesitado «el deseo de expresar su propia fe en el Dios que defiende a los pobres y que ama a cada hombre por lo que es y no por lo que posee o realiza». Por eso, «en el respeto de las competencias propias del Estado, se moviliza para que se garantice a todo ser humano lo que le corresponde», señaló.

Concluyó Benedicto XVI elogiando el albergue de Caritas diocesana de Roma como un lugar «donde el amor no es sólo una palabra o un sentimiento, sino una realidad concreta, que permite que penetre la luz de Cristo en la vida de los hombres y de toda la comunidad civil».


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