![]() Eucaristía del Corpus Christi. El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, presidió una solemne Eucaristía en la Plaza de Oriente con motivo de la festividad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi). En su homilía, el Cardenal ha recordado que esta festividad “invita a la Iglesia a reconocer y a agradecer públicamente el gran don de la Eucaristía”, ya que Jesucristo “Resucitado y Ascendido al Cielo, después de la efusión de su Espíritu en el día de Pentecostés, se queda con su Iglesia en las especias eucarísticas con una presencia misteriosamente sublime y profundamente real”. Así, ha recordado que “en cada Santa Misa, celebrada por el sacerdote en cualquier parte del mundo, se hace presente y actual el sacrificio de la Cruz: la oblación que Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios, hecho hombre en el seno de la Virgen María, ofrece al Padre como Sumo y Eterno Sacerdote para el perdón de los pecados y la donación de la nueva vida”. Y es que “la Eucaristía es el Sacramento por excelencia de los hijos de Dios para que tengan vida y ésta, abundante, porque han descubierto y viven de la Gracia y del Amor del Hijo Unigénito, Jesucristo, que quiere llegar al corazón de todos los hijos de los hombres, convertirlos y transformarlos en hombres nuevos”. Hay que contestar con la verdad del amor incondicional y fecundo del matrimonio cristiano: de la entrega mutua sin reservas del marido a la mujer y de la mujer al marido que fructifica en la prole. Amor dado en gratuidad y fecundo en el don y por el don de la vida: amor paterno y materno, amor filial, amor fraterno, ¡amor familiar! “Celebramos esta Solemnidad del Corpus Christi del año 2010 ‘en tiempos recios’, que diría Santa Teresa de Jesús”, aunque “no hay ningún momento de la historia cristiana en que el don y la gracia del Evangelio no dejen de sobreabundar y hagan más fuerte y decisiva la esperanza”, como ocurre con nuestro tiempo. Arrecia la fuerza del no a la vida y al amor, pero simultáneamente alumbra la esperanza en la Iglesia y en la sociedad de que Jesucristo sea más conocido y amado por las nuevas generaciones cada vez más dispuestas a dar testimonio convincente de ese Amor. La peregrinación de la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud 2011 por las calles y plazas de Madrid y, ya, por todos los caminos de España, nos va mostrando a unos jóvenes que “arraigados y edificados en Cristo” están “firmes en la fe”. La adoración a Jesús Sacramentado, escondido y silencioso en el Sagrario y/o expuesto solemnemente en la Custodia, les atrae y reúne cada vez con mayor intensidad. De esa experiencia del amor silencioso de Cristo y con Cristo-Eucaristía nacen nuevas vocaciones para seguirle en el sacerdocio, en la vida consagrada, en el sí del matrimonio cristiano y del apostolado seglar. La Iglesia se renueva desde el hontanar de las almas, más concretamente, de las almas jóvenes, para que el mundo crea de nuevo y el hombre viva y ame con Cristo que, presente en la Eucaristía, nos amó y nos ama eternamente”. A las propuestas tenazmente propagadas del “no a la vida” a través de la negación del derecho a nacer de la criatura humana desde el momento de ser concebida en el vientre de su madre hasta su muerte y del cuestionamiento creciente de la garantía del derecho a vivir de enfermos y ancianos terminales, Monseñor Rouco ha contestado que “hay que responder con la acogida y cuidado amoroso de toda vida humana como un don maravilloso del Dios Creador y Redentor, al que ha de someterse el poder del hombre presentado y ejercido en cualquiera de sus formas. Y, a las propuestas de fórmulas de uniones matrimoniales y de familias sin la raíz y el fundamento del amor indisoluble del esposo y de la esposa, hay que contestar con la verdad del amor incondicional y fecundo del matrimonio cristiano: de la entrega mutua sin reservas del marido a la mujer y de la mujer al marido que fructifica en la prole. Amor dado en gratuidad y fecundo en el don y por el don de la vida: amor paterno y materno, amor filial, amor fraterno, ¡amor familiar!” Finalmente, Monseñor Rouco Varela ha tenido palabras para aquellos que están sufriendo la dura realidad de la crisis económica y del paro, que afecta de modo especialmente cruel a las familias y también a los jubilados y a los jóvenes que buscan su primer empleo. El Cardenal Arzobispo de Madrid ha abogado por “reaccionar con un renovado y activo compromiso del amor cristiano que se exprese y realice con un estilo personal y en unas formas y métodos prácticos que tengan como máxima y horizonte final el de saber y querer vivir para los demás, sin buscar otro precio o compensación personal que no sea la del amor mismo: de haber podido amar como Cristo nos amó”. :: Recuperar la devoción al Santísimo Sacramento Para el Cardenal, “la procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de nuestro viejo Madrid” nos “obliga y responsabiliza a todos los hijos de la Iglesia en una doble dirección espiritual y apostólica”: “nos reclama un nuevo y decidido paso en la autenticidad de la vivencia personal de nuestra piedad y devoción eucarísticas”, ya que “es tiempo para una recuperación litúrgicamente renovada de la devoción al Santísimo Sacramento de la Eucaristía en la Misa y fuera de la Misa”; y “la demostración pública de nuestra fe eucarística nos implica en el reto cristiano de ser testigos del amor de Cristo en la familia y en la sociedad con una generosidad nueva, que ofrece voluntaria y gratuitamente su tiempo y sus recursos en favor de los más necesitados y que anima e impulsa a promover vigorosamente actitudes de esfuerzo emprendedor y valiente, de justicia y solidaridad en las relaciones económicas y sociales”. “Nuestra celebración del Corpus Christi puede y debe de ser, por lo tanto, una nueva y más exigente llamada dirigida a todos los católicos de Madrid —sacerdotes, consagrados y seglares— a confesar, implícita y explícitamente ¡incansablemente! con obras y palabras, la presencia eucarística de Cristo en la vida personal de cada madrileño y en la vida de nuestra sociedad”. |
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