Logroño. La actriz estadounidense Betsy Blair (Cliffside, Nueva Jersey 1923) volvió a pasear por las calles de la ciudad de Logroño más de medio siglo después de que rodará en ellas una de las obras cumbres del cine español, Calle mayor, la cinta maestra del desaparecido director Juan Antonio Bardem.
Embutida en un holgado vestido negro, Blair se empapó otra vez de los olores y sabores de la capital riojana, la ciudad que alumbró ésta ácida crítica a la puritana sociedad de provincias de aquel entonces. “No había vuelto a Logroño desde el rodaje. La ciudad está muy cambiada, pero la gente sigue siendo igual de encantadora. Estoy muy emocionada”, afirmó la actriz, que hoy recibirá en Arnedo el Premio Rafael Azcona que le ha otorgado el Festival Octubre Corto a su trayectoria.
“No había vuelto a Logroño desde el rodaje. La ciudad está muy cambiada, pero la gente sigue siendo igual de encantadora. Estoy muy emocionada”
El Festival también ha elaborado para la ocasión un libro escrito por Irene León con las conversaciones que mantuvo con ella durante tres días en su casa londinense. Blair recordó hoy como Bardem la convenció para rodar esta película en el Festival de Cannes, a la que ella acudió como una de las protagonistas de la película Marty, con la que consiguió su única nominación al Oscar. La actriz ya estaba por aquel entonces en la “lista negra” del senador Joseph McCarthy por sus simpatías comunistas y sólo la presión que ejerció su primer marido, el bailarín Gene Kelly, habían permitido que figurase en el reparto de esta cinta.
Bardem ni siquiera había visto esta película, pero eso daba igual porque hacía tiempo que había quedado cautivado por un papel secundario que había hecho Blair en el film de George Cukor Una doble vida (1947). “No quería rodar en la España de Franco, pero Juan Antonio habló conmigo y me dijo Betsy, cómo me puede decir eso. Yo sabía lo que él representaba como director y políticamente. El era un luchador contra el fascismo. Yo era muy joven y solo conocía lo que era éste de una manera teórica, así que me convenció”, dijo. Blair recuerda ahora con mucho cariño aquellos días de la primavera de 1956 en que empezó a tomar forma la película, cuyo rodaje fue de todo menos tranquilo.
“Fui a verle a prisión y le dije que no rodaría sin él. Recuerdo los uniformes de los guardias que eran ridículos y que casi me hacen reír si la situación no hubiera sido tan seria. Recibía muchas presiones para continuar, así que empecé a comportarme como una caprichosa estrella de Hollywood”
Al poco de iniciarse el mismo en Palencia, Bardem fue detenido después de una revuelta estudiantil en Madrid, que también terminó con el encarcelamiento de otros destacados opositores al régimen. “Fui a verle a prisión y le dije que no rodaría sin él. Recuerdo los uniformes de los guardias que eran ridículos y que casi me hacen reír si la situación no hubiera sido tan seria. Recibía muchas presiones para continuar, así que empecé a comportarme como una caprichosa estrella de Hollywood”, dijo. La negativa de la actriz, así como la presión internacional, incluida la de Charles Chaplin, permitieron la puesta en libertad de Bardem, quien optó entonces por trasladar el rodaje a Logroño. Allí dejó inmortalizados para siempre lugares como la plaza del Mercado, la calle Portales o el café Moderno. Lo que pasó después es sobradamente conocido. A pesar de los recelos del régimen franquista, la cinta acudió al Festival de Venecia, donde ganó el Premio de la Crítica.
Blair, por su parte, se divorció de Gene Kelly y se fue a vivir a Gran Bretaña para huir del macarthismo. “Los actores no fuimos quienes más pagamos en ese periodo. Muchos nos marchamos a Francia o México y reanudamos nuestra carrera. Hubo guionistas que siguieron trabajando para Hollywood con pseudónimos desde otros países. Los más castigados fueron la gente normal, que perdieron su trabajo y que no pudieron irse a ningún lado”, dijo.
A pesar de que tuvo que marcharse, Blair afirmó que nunca ha renegado de su país, al que sigue escrutando a diario desde Gran Bretaña, donde terminó por asentarse después de casarse 1963 con el ya fallecido director Karel Reisz. Prueba de ello, es el interés con el que está siguiendo las actuales elecciones a la presidencia. “Estoy absolutamente aterrada con la posibilidad de que se produzca el Efecto Bradley y que Obama al que todos otorgan a una gran ventaja pueda perder. Creo que Obama es una gran oportunidad para Estados Unidos y espero que el voto joven terminé por decantar su victoria”, afirmó.
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