Valladolid. El legado vital, moral e intelectual del cineasta Luis Buñuel (1900-1983), fallecido hace un cuarto de siglo, ha reunido a Javier Espada y Gaizka Urresti en el documental titulado El último guión, estrenado en Valladolid dentro de su 53 Semana Internacional de Cine (Seminci).
La cinta, proyectada fuera de concurso dentro de un homenaje a Buñuel por parte del Festival de Valladolid, reúne filmaciones originales, inéditas y de gran valor testimonial con abundantes declaraciones del autor de Viridiana, así como un nutrido archivo de imágenes extraídas del álbum familiar del genio aragonés. El primogénito del homenajeado, Juan Luis Buñuel, y uno de sus últimos guionistas, el francés Jean Claude Carriere, constituyen el eje conductor del filme a través de una conversación donde evocan, reconstruyen y rastrean la biografía del realizador en las ciudades y lugares que éste habitó.
Detestaba la factoría cinematográfica de Hollywood, eligió el celuloide como la mejor manera de expresar su yo, comenzó como figurante y dobló películas en los Estados Unidos para el mercado hispanoamericano
Ambos perfilan la imagen de un Buñuel genial, irreverente, de filiación comunista y surrealista, discreto, personal, profundo y “ateo gracias a Dios”, como él mismo se define en uno de los planos finales de El último guión, captado en Ciudad de México poco antes de morir el 29 de julio de 1983. En uno de los pasajes, el propio Buñuel responde a un periodista que si tuviera que dar un “consejo moral”, que no técnico, a los cineastas que empiezan, sería el de “no hacer nunca una película contraria a la conciencia, el pensamiento y la ideología” del autor.
Esa integridad y fidelidad preside todo el metraje del film, que uno de sus realizadores, Antonio Espada (director del Centro Buñuel de Calanda —Teruel—), ha calificado como un “peregrinaje visual” por la vida de quien está considerado uno de los realizadores más destacados y originales de la cinematografía mundial. “Es una historia muy entrañable, que no se conocía y que va a quedar ahí”, ha añadido Espada durante la presentación de un documental hecho “para que no se perdieran” los recuerdos y la memoria gráfica, audiovisual y documental dispersa de quien debutó en la gran pantalla con El perro andaluz (1929).
Así lo ha considerado Carriere (París, 1931), uno de los dos protagonistas de ese periplo sentimental y biográfico en el que también aportan sus testimonios Rafael Buñuel, el segundo y último vástago del cineasta de Calanda; las actrices Ángela Molina y Silvia Pinal o la viuda de Francisco Rabal, Asunción Balaguer. Destacada presencia tiene el hispanista británico Ian Gibson al recordar la llegada del homenajeado a la Residencia de Estudiantes en Madrid, cuando apenas contaba con 17 años, y donde conoció a Federico García Lorca y a Salvador Dalí, dos de las personas que más le marcaron.
La infancia en su Calanda (Teruel) natal, su adolescencia en Zaragoza, su juventud en Madrid, el contacto con el espíritu surrealista en París a los 26 años, su matrimonio con la gimnasta francesa Jeanne Rucar, su breve estancia en Nueva York y su definitivo acomodo en Ciudad de México, donde residió a partir de 1946, son los principales jalones de ese itinerario vital. “España me ha aportado la formación física y cultural, allí están mis orígenes y mis amigos. Francia me ha dado la formación espiritual y México muy poco de cultura, pero soy mexicano”, afirma Luis Buñuel en una de las entrevistas recogidas.
El homenaje a Buñuel del Festival de Valladolid, que levanta el telón con la gala inaugural y la proyección de Captain Abu Raed, del jordano Amin Maltaq, se completa con una exposición fotográfica, también inédita
Solía trabajar rápido “porque tenía poco dinero” y en sus películas, que no visionaba una vez producidas, sólo le interesaban las relaciones humanas, añade en un instante del filme un director cuyo secreto para poder dirigir, según confiesa también en la cinta, era que siempre estaba dispuesto a aceptar un presupuesto de menos de 50.000 dólares. Detestaba la factoría cinematográfica de Hollywood, eligió el celuloide como la mejor manera de expresar su yo, comenzó como figurante, dobló películas en los Estados Unidos para el mercado hispanoamericano, descubrió su vocación por la gran pantalla al contemplar en París Las tres luces, de Fritz Lang, y su abuela le financió su primera película El perro andaluz, rodada en París.
El homenaje a Buñuel del Festival de Valladolid, que levanta el telón con la gala inaugural y la proyección de Captain Abu Raed, del jordano Amin Maltaq, se completa con una exposición fotográfica, también inédita, con imágenes muy personales del realizador aragonés, procedente del archivo familiar, y con seis retratos que le hizo Carlos Saura.
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