Por Diario de Yucatán. La prensa de México y Europa y diversas agencias de noticias dieron amplios espacios a la información relacionada con la encerrona de Michelito Lagravere con seis becerros, la tarde del sábado 25, en la Plaza Mérida. “El niño torero se doctora”, tituló el diario español El Mundo que destaca la gesta del joven yucateco y su inminente ingreso al libro Guinness. “Sale en hombros el niño torero Lagrevere en la Plaza de Mérida”, destaca El Financiero con información de Notimex que señala que Michelito demostró “arte, pundonor, valentía y ganas de triunfar y que “cortó dos orejas y conquistó el corazón de los yucatecos, quienes lo sacaron en hombros de la Plaza”.
Una encerrona siempre ha sido una demostración de fuerza física y resistencia anímica. Encerrarse como único espada conlleva el reto de ser capaz de convencer y demostrar un fondo técnico, artístico y mental. Nada fácil. Michelito, a los once años, fue capaz de convocar, de conquistar la confianza de todos y de convencer a propios y extraños
“Triunfa Michelito y sale en hombros”, reseña El Universal que destaca que en medio de “la polémica entre autoridades y empresarios taurinos, como en los tiempos del “Ave de las Tempestades”, Michelle Lagravere, Michelito, tuvo una gran tarde al realizar una encerrona con seis becerros”. A Michelito, el niño torero de 11 años, añade, poco le importaron las discusiones entre la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en Yucatán, el Ayuntamiento de Mérida y la Procuraduría de Defensa del Menor y la Familia. Con el apoyo de sus familiares, partió plaza y toreó a los seis astados de 200 kilogramos en promedio. France Presse informa que “Michelito, el célebre niño torero franco-mexicano, mató el sábado seis erales (toros de dos años) durante una encerrona en la plaza de toros de Mérida, en el sureste de México, de donde salió a hombros. Puso al público en pie en numerosas ocasiones por su valentía y por algunas espectaculares acciones. La encerrona estuvo rodeada de polémica, después de que la Procuraduría de la Defensa del Menor y la Familia del estado de Yucatán la suspendiera y, tras estudiar los certificados y permisos de los padres, aprobara finalmente su celebración.
:: Triunfa la verdad
La crónica, del D.F., destaca la presencia de corresponsales de varios medios de comunicación locales, nacionales y extranjeros como Reuters y Efe en la Plaza de Mérida. El portal mundotoro.com señala que “por primera vez en la historia del toreo, un chaval de apenas once años de edad se encerró con seis astados y salió por la puerta grande escribiendo una página brillante que dará mucho de qué hablar por las circunstancias vividas en los días previos. Una gesta ante una Plaza de Toros Mérida, que casi se llenó con el triunfo de Michelito, el triunfo de La Fiesta y, sobre todo, el triunfo de la verdad”.
En su “ficha del festejo” indica que “ante casi un lleno en tarde con clima agradable y algunas ráfagas de viento, se lidiaron seis erales de las ganaderías de Rodrigo Aguirre, bueno; Yturbe, complicado; Coroneo, bueno; La Victoria, bueno; Huichapan, complicado; y San Salvador, regular. “El balance de Michelito, que actuó como único espada fue: vuelta con petición, vuelta con petición, oreja, ovación con saludos, ovación y oreja”. La empresa invitó a los inspectores del Récord Guinness a constatar la celebración de un festejo histórico y ellos se encargarán de anunciar si además fue inédito en la historia del toreo mundial. La encerrona de Michelito, suspendida previamente y vuelta a autorizar por las autoridades en medio de un vendaval mediático, confirmó “que los seres humanos tienen entre otros, el derecho de ejercer su vocación y nadie debe atreverse a impedirlo, cuando el ejercicio, como el toreo, sea absolutamente legítimo”.
Una encerrona siempre ha sido una demostración de fuerza física y resistencia anímica. Encerrarse como único espada conlleva el reto de ser capaz de convencer y demostrar un fondo técnico, artístico y mental. Nada fácil. Michelito, a los once años, fue capaz de convocar, de conquistar la confianza de todos y de convencer a propios y extraños. Seis faenas, seis, en las que de principio a fin se entregó al toreo sin administrase y sin ahorrarse un pase. Y digo más: si hubieran sido ocho, diez ó 24 erales más, aún estaríamos en la plaza viéndolo parar, templar y mandar sin dudar nunca, como dictan los cánones, y obsequiando al público las sonrisas cándidas y hechiceras de un rostro muy serio a la hora de encarar sus compromisos de torero.
:: El toreo
Desde su primero, procedente de la ganadería de Rodrigo Aguirre, Michelito marcó la ruta por la que transitaría la encerrona: en el ruedo solo él impondría las condiciones, los terrenos, las distancias y no habría punto de respiro en las emociones. Cuatro verónicas cargando la suerte, conduciendo la embestida, templando el trazo y ligando con cadencia, ritmo y acompañamiento. Y lo propio sucedió con la muleta, marcando el rumbo estructural: toques precisos, enganchando siempre adelante y extendiendo los muletazos con la cintura rota hasta donde el pulso ordenaba a cada uno de sus erales el impulso de una nueva embestida. Todo con los pies firmes, la cabeza fría y el corazón caliente. La estocada quedó desprendida y el Juez de Plaza, dispuesto a cotizar muy alto las orejas, guardó el pañuelo ante la fuerte petición y Michelito dio la primera vuelta devolviendo prendas.
A su segundo, de Gonzalo Yturbe, le faltó fuerza y codicia, condición que nos permitió apreciar al joven torero pensando en la cara y resolviendo las complicaciones con gran solvencia. Cuando hubo que pisarle los terrenos, lo hizo; cuando había que darle reposo, también, y lo mató con entera contraria y a pesar de la petición, la recompensa quedó en la segunda vuelta al ruedo en la tarde. No cabía duda, si se iba a cortar una oreja, ésta sería de mucho peso y valor. El tercero, de Coroneo, nos remitió al capítulo del convencimiento del propio torero que respiraba confianza en él mismo y de una faena realizada con gran capacidad técnica y sello propio. Destacaron de nuevo tres series de pases por derecha con sus respectivos remates con el de pecho muy bien hechos, de principio a fin. Pinchazo en lo alto y entera para recibir, por fin la anhelada primera oreja.
En cuarto salió un astado de La Victoria que nos haría disfrutar la faena de mayor valor artístico de la tarde. Comenzó con una zapopina para ligar con verónicas y rematar con una media. Con la muleta Michelito hizo todo con gran reposo y exactitud, relajándose, abandonándose por completo en pases de mucho empaque, hondura y cadencia. Ritmo, el mágico ritmo que no se entiende si no hay temple, el de verdad, el del toreo despacioso, ralentizado, purificado. Como a veces Dios no obsequia todo junto, la suerte suprema no se consumó, hubo varios pinchazos y al final las posibles dos orejas se resumieron en un saludo caluroso desde el tercio.
El quinto, de Huichapan, fue complicado de principio a fin; reservón, peligroso e impredecible, pero hubo Michelito para aguantarlo cuando fue exigido y sereno cuando quiso sacar agua de las piedras. Recibió una ovación. El que cerró plaza en la histórica encerrona fue de San Salvador y sin grandes virtudes permitió a Michelito cerrar con gran dignidad y lucimiento su gesta histórica. Tenía el torero cinco faenas atrás y a pesar de ello tuvo los arrestos para torear con lo que siguió salió del corazón y de sus anhelos, de los deseos de demostrar la fuerza de la vocación y de marcar un rumbo firme en el futuro prometedor. Cortó la segunda oreja de la noche con méritos de sobra y salió a hombros envuelto en el cariño de un público volcado, cámaras, micrófonos y el respeto ganado a pulso.
Un triunfo histórico, el triunfo de la verdad y de la vocación…
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