Novela Negra. La Fundació Romea per a les Arts Escèniques abre las puertas del teatro a Henning Mankell para que hable con sus lectores desde un escenario diferente. Como en un juego de mesa, de teatro a teatro, la ficha de Mankell se mueve desde el Teatro Avenida de Maputo (Mozambique) hasta el Teatre Romea de Barcelona, para encontrarse con los lectores de Cataluña. Mankell Conversará con Maria Eugènia Ibáñez y Rosa Mora hoy miércoles a las 20:30 horas. Peatóm recopila un pequeño apunte biográfico y una entrevista (Tusquet Editores). Henning Mankell, un buen escritor, es también un subproducto de la socialdemocracia sueca, culposa, que considera bueno y excelente todo lo que se opone al mundo occidental y con una condescendencia, que produce estupefación, para todos los regímenes y experiencias históricas aberrantes, entre satrapías y tiranicidos. Buena escritura y poca cabeza.
:: Biografía
“Estoy en otra tradición donde se usa el espejo del crimen para examinar a la sociedad, los tiempos y el mundo en el que te tocó vivir”
Henning Mankell nació en Estocolmo, Suecia, en 1948. Inició su carrera literaria en los años setenta como dramaturgo y en la actualidad es director del Teatro Avenida de Maputo (Mozambique). Ha publicado cerca de veinte novelas, además de obras de teatro y narraciones infantiles. Sin embargo, lo que le ha convertido en un autor de fama mundial, con cifras de ventas millonarias, es la serie de novelas protagonizada por el inspector Wallander, traducida a veintitrés idiomas y con varios de sus tÌtulos convertidos en series televisivas. Tusquets Editores inició su publicación en el año 2000 con La quinta mujer, a la que siguieron Asesinos sin rostro y La falsa pista (Andanzas 408, 431 y 456). Esta última recibió el más prestigioso premio del género, el Macallan Gold Dagger a la mejor novela negra publicada en Gran Bretaña en el año 2000. Comedia infantil, la primera de un extraordinario ciclo africano, recibió el premio de novela otorgado por Sveriges Radio P1 y nos descubrió otra faceta muy distinta de Mankell. En 1998 se estrenó en Suecia la película basada en esta novela.
:: Entrevista
—Sus primeros libros traducidos al español, La quinta mujer y El perro que corría hacia una estrella utilizan tonos y recursos tan opuestos que parecen provenir de dos escritores distintos. Por un lado, una novela de intriga irreprochable, llena de suspenso y personajes memorables; por la otra una narración lírica dirigida a los jóvenes, a partir de imágenes que provienen de la infancia. ¿Cómo desarrolló estilos tan diferentes?
Siempre estoy cambiando la forma de mis novelas —y también escribo para el teatro o el cine—. Esto se debe a que, como cualquier campesino, creo que nadie debería plantar la misma cosecha dos años seguidos. Además, dedicarme a muchas cosas es un reto personal que me obliga a desarrollar la escritura.
—¿Por eso se fue a vivir a África?
Sí —concede—. Básicamente fue por motivos racionales. Necesitaba encontrar un punto de vista fuera de Europa para ganar una imagen del mundo más compleja. Allá trabajo de seis a ocho horas diarias, y escribo en promedio unas cuatro páginas al día.
—¿Tiene una cuota diaria?
No, para mí un buen día de trabajo tiene que ver más con el tiempo que logro trabajar que con el número de páginas que escribo.
—Quien lea La quinta mujer tendrá la impresión de que usted se propuso evitar buena parte de las convenciones de la novela criminal. Cuando usted escribió este libro, ¿tenía la intención de romper con las fórmulas convencionales de la novela negra? ¿Se propuso escribir una historia realista y verosímil?
Yo nunca me he visto a mí mismo como un escritor de novelas policiacas. Creo que más bien estoy en otra tradición donde se usa el espejo del crimen para examinar a la sociedad, los tiempos y el mundo en el que te tocó vivir. Cuando me preguntan cuál es la mejor novela criminal que he leído, invariablemente respondo: Macbeth, de Shakespeare. Nadie la calificaría como una historia criminal, pero es precisamente eso, al igual que El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Con esto quiero decir que no acepto incluir ningún tipo de estereotipos en mi trabajo.
Libertad digital comenta “El chino” de Henning Mankell (Hacia el final del video)
—El protagonista de La quinta mujer, el inspector Kurt Wallander, es un detective reservado y meticuloso que se resiste a hablar en público, no fanfarronea ni responde con sarcasmos. Siempre trabaja en equipo y la sociedad en que vive no está tan corrompida como el Bay City o Los Ángeles de Chandler. Además es olvidadizo y despistado, se enferma fácilmente, a menudo no le gusta su trabajo y su vida personal es un desastre. ¿Con este personaje tenía la intención de criticar a los héroes convencionales de la novela policiaca, rudos e infalibles?
En cierto sentido pretendo que Kurt Wallander sea una especie de guía, como lo fue el personaje de Virgilio para Dante. Supongo que Wallander tiene mucho de antihéroe. A veces tiene miedo, siempre se está preocupando; pero por otro lado también es un policía experto y sabe que para resolver los crímenes debe averiguar qué es lo que está cambiando en la sociedad, lo cual lo obliga a ser un poco anarquista y a saltarse las reglas oficiales de vez en cuando.
—¿Cual diría que es su método para mantener el suspense?
Siempre me imagino que tengo una página para atrapar al lector, y que después será demasiado tarde. También me gusta imponerme retos, como por ejemplo, contar los hechos más importantes no al final, sino al principio de cada historia. A partir de entonces —no cabe duda Mankell se está divirtiendo— el suspenso consiste en contar una historia sobre las razones por las que mis personajes no resuelven una situación tan rápidamente como el lector.
—La lista de los sicópatas que pueden encontrarse en el cine y la literatura ha crecido notablemente en la última década. ¿Qué opina de este fenómeno? ¿El interés de la sociedad por los llamados “asesinos en serie” le parece significativo?
Es un hecho que estamos viviendo en la época de los “asesinos en serie”. Y no es una ocurrencia mía: es un hecho que en todo el mundo ha aumentado de manera impresionante el número de los asesinatos “en serie”. No sabría decir por qué, pero tiene que ver con que ha disminuido el respeto hacia los derechos humanos más elementales. El valor actual del hombre, por decirlo de manera figurada, es mucho menor al que tenía hace quince años.
—Suecia aparece en sus libros como otro personaje. Por ejemplo, en La quinta mujer la sociedad civil de Ystad se llena de indignación ante los crímenes y su actuación tiene un peso importante en el desarrollo de la trama.
Estoy de acuerdo con usted. La sociedad y la época siempre tienen un papel importante en mis novelas.
—¿Incluir el mundo real le sirve para incrementar el suspenso de la ficción?
En general, la época y la sociedad me parecen tan importantes en el desarrollo de la trama como el resto de las personas involucradas en la historia. Me parece que así ocurre con cualquiera de nosotros en la vida diaria.
—¿Cuál fue la idea que originó La quinta mujer?
Todo lo que escribo está basado en algo que desconozco pero me gustaría entender. Nunca puedo escribir sobre un asunto si no me parece que contenga muchas interrogantes. Para La quinta mujer pensé en la gente que cree que el sistema de justicia ya no es apto para castigar el crimen, y me preguntaba por qué cada vez hay más gente que piensa que debe tomarse la justicia por su mano.
—¿Y por eso incluyó aquel epígrafe? (La novela comienza con un proverbio popular africano que dice: “La tela de araña teje con amor y esmero su araña”.) ¿Quería sugerir que son las sociedades modernas quienes provocan la aparición de sus propios fenómenos criminales?
No estoy muy seguro. Probablemente me interesaba enfatizar que con frecuencia debemos examinar la mayoría de las certezas que tenemos sobre la vida. Pero es evidente que, en un contexto más racional, puse ese epígrafe en el sentido que usted propone: para indicar que es innegable que somos animales políticos, cualquiera que sea la definición que ofrezcamos de nosotros mismos. Y en ese sentido, la delincuencia es una creación de la sociedad. Supongo que una buena manera de entender una sociedad es mostrándola en “el espejo del crimen”.
—Una de las cosas más fascinantes del libro es que sus detectives son seres humanos impresionables. ¿Cómo mantiene la integridad de sus actores?
Tratándolos con honestidad. Yo nunca me rehúso a presentar el lado negativo de mis personajes.
—Supongo que con frecuencia sintió la tentación de hacer de Wallander un detective más agresivo o más perspicaz. En cambio usted prefirió respetar las limitaciones del personaje y dejó que fuera él quien decidiera cómo actuar y en qué momento hacer deducciones. ¿Cuáles fueron las reglas que observó para llegar a esto?
En todo lo que escribo observo una sola regla: la regla de la vida. Esta dice: “la única prueba de que algo es real surge cuando cambia ese algo”.
—Eso parece otro proverbio africano. Y a propósito, ¿le interesa la opinión de la crítica?
No. Prefiero la de mis hijos. Sea lo que sea que esté haciendo, me parece más importante lo que les cuento a ellos.
—Por último, y recuperando la experiencia de vivir en África durante todo este tiempo, ¿cómo definiría una novela?
Una novela es un paisaje donde hace falta una carretera. Y la labor del novelista consiste en construir ese camino.
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