Corín Tellado. No ganó el Nobel de literatura, debió conformarse con ser la autora española más leída después de Cervantes y entrar en el Libro Guinness de los Récords en 1994, tras escribir 4.000 títulos y vender 400 millones de ejemplares en todo el mundo. Corín Tellado (María del Socorro Tellado López), dejó de escribir (vivir) este sábado 11 de abril en Gijón a los 82 años. Su seudónimo, un hipocorístico de su apodo de niña, Socorrín, es sinónimo en el mundo hispanohablante de novelas rosas cortas y, en la España del franquismo, de la fuga imaginaria en un ambiente cultural asfixiante.
América Latina le debe la semilla de la telenovela
Su escritura, llana y directa, avara en descripciones, utiliza personajes sencillos, de la vida y lugares cotidianos, capaces de captar a un lector —casi siempre lectora— en busca de un entretenimiento en menos de 100 páginas, escritas al ritmo semanal exigido desde el inicio de la colaboración con la editorial Bruguera. Fue en 1946, Tellado tenía 19 y la necesidad de llevar dinero a casa: un año antes había fallecido su padre. Su librero gaditano, al tanto de sus primeras e inéditas incursiones en la narrativa, la puso en contacto con la casa de edición. Las influencias de la joven Corín, que devoraba clásicos de la literatura francesa, iban por el lado de Hugo, Dumas y Balzac, pero un tal Henry Miller cayó tempranamente en sus manos, dejándole una impronta erótica y un nuevo seudónimo, Ada Miller, bajo el que publicó una veintena de novelas subidas de todo en 1978 y 1979.
Mientras tanto, y desde su primer opus, Atrevida Apuesta, Corín aprendió a lidiar con la censura franquista. “La censura acabó conmigo. Agudicé el ingenio pero me obligó a no hacer las cosas con sencillez, a retorcerlas de forma que insinuara. Es el caso del señor que va por la playa y ve a una chica en bikini y no pasa nada, pero si esa misma chica en un café se sienta y al doblar la pierna se le ve un poco el muslo, para él eso es sublime. A insinuar me enseñó la censura, porque decía las cosas claras y eso me lo rechazaban. Hubo meses que me rechazaron hasta 4 novelas. Aprendí a contar lo mismo pero con sutileza, así nunca me dejé nada por decir.”, confiesa en una entrevista publicada en su sitio web.
En 1951 empezó con la revista Vanidades, con amplia difusión en Latinoamérica, una colaboración que duraría más de cuarenta años. Entre sus primeros correctores de pruebas, Tellado contó con el escritor Guillermo Cabrera Infante. El cubano destacó en 1994 el papel que desempeñó esta labor junto a la que llamó “la inocente pornógrafa” a la hora de emprender su propia carrera literaria. Transcurrieron 57 años de vida abocados a la literatura entendida como un oficio cotidiano. Si le preguntaban si no escribía demasiado, en detrimento de la calidad, recordaba la prodigalidad de Balzac. Si le endilgaban con sospecha que utilizaba “negros” para multiplicar sus obras, contestaba: “la única negra soy yo” y lo probaba con su “Medalla de oro al mérito en el trabajo”, otorgada en 1998 por el gobierno español.
América Latina le debe la semilla de la telenovela. El escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa reconoce que “la vasta producción de Corín Tellado quedará como una muestra de un fenómeno sociocultural”, citado por el portal de Tellado.Sus funerales se oficiarán el lunes en Gijón.
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