Gastronomía para homínidos. Portada del libro de Eduardo Angulo. La comprensión de un tomate no fue fácil y sigue sin ser fácil (asalto al tomate)
Hace millones de años. Pasaron millones de años desde que nuestros antepasados descubrieron el fuego, pudieron nombrarlo, hasta que aprendieron a controlarlo y conservarlo. Lo más probable, por lo tanto, es que la primera carne asada que degustaron, fuera la carne de algún animal después de un incendio (tormentas secas con fuerte aparato eléctrico y altas temperaturas que originaban fuegos).
“El ser humano experimenta por naturaleza y para que la cocina siga evolucionando sólo se necesitan dos cosas: no tener hambre porque comeríamos los alimentos sin cocinar y tener tiempo para hacerlo”
Y desde los asados hasta el uso y dominio de la alfarería pasaría otro rato, ante de poder cocinar. La paleontología no ayuda a identificar que comían nuestros antepasados, por el tipo de dentadura y los restos fósiles hallados, pero cómo preparaban o condimentaban los alimentos, cómo lo han hecho nuestros antepasados y a lo largo de la historia. Eduardo Angulo, con sentido común y fantasía en ‘El animal que concina, Gastronomía para homínidos’, nos desvela la gastronomía y los usos culinarios de nuestros antepasados.
Según Eduardo, la parte más interesante del libros es el período comprendido entre el dominio del fuego y la aparición de las primeras vasijas”. “”Metían piedras calientes para calentar las comidas, hacían agujeros en el suelo donde colocaban el estómago de algún animal que servía como recipiente para calentar”
Hemos logrado averiguar qué comían los homínidos y sus descendientes durante la prehistoria. Pero ¿cómo comían?
«Desde que un simio bajó de un árbol o, mejor, evolutivamente se cayó y no pudo volver a subir, han pasado unos siete millones de años. En realidad, ni cayó ni bajó por gusto del emblemático árbol, sino que tuvo que hacerlo porque el árbol en el que reposaba desapareció. El clima templó; los árboles, primero escasearon y después casi desaparecieron, y nuestro simio tuvo que echar a andar e internarse en la sabana. Nunca más volvería a subirse a un árbol, como no fuese para robar unas ciruelas, a menudo verdes, y pillar una buena diarrea. Pero eso es otra historia. En este libro intentaremos desarrollar dos asuntos bien diferentes aunque, es obvio, estrechamente relacionados: qué comían y cómo comían esos simios que cayeron del árbol y sus descendientes. Con la ciencia, hemos logrado averiguar qué comían; con la imaginación, inventaremos cómo comían» (Eduardo Angulo).
Eduardo Angulo (Bilbao, 1952) es profesor de Biología en la Universidad del País Vasco y colaborador de revistas nacionales e internacionales. Ha publicado los ensayos Julio Verne y la cocina: La vuelta al mundo en ochenta recetas (Algaba, 2005) y Monstruos: Una visión científica de la criptozoología (451 Editores, 2007, en esta misma colección).
“El ser humano experimenta por naturaleza y para que la cocina siga evolucionando sólo se necesitan dos cosas: no tener hambre porque comeríamos los alimentos sin cocinar y tener tiempo para hacerlo”, explica Angulo. Por lo tanto, quizás, algún día conozcamos otras formas de alimentación.
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