Reconocimiento. La veterana actriz Carmen Maura ha sido distinguida con la Medalla de Oro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España “por su contribución a la mejora del cine español”. Conocida internacionalmente por sus papeles en varias películas del oscarizado director de cine Pedro Almodóvar, Carmen Maura se caracteriza por ser una actriz completa y versátil, que domina con naturalidad tanto la comedia como el drama.
¡Es que ser actriz me divierte mucho! No sé dónde viviré, pero creo que actuaré siempre. No me da pereza el trabajo. Lo que me da pereza es la vida real: ocuparme de los papeles de la casa, del banco… De eso sí que me encantaría retirarme
La artista es capaz de mezclar secuencias dramáticas y de comedia en la misma historia y aún en un mismo plano, reconoce la Academia. “Ha sido una sorpresa total. No me lo esperaba, pero casi nunca me espero los premios”, señala la actriz en un comunicado difundido por la Academia. Se confiesa “en estado de shock” tras recibir la noticia del Premio.
“He estado en el campo y allí se me olvida que soy actriz”, afirma Carmen Maura, que suma esta distinción al Premio Nacional de Cinematografía, que recibió en 1988. Inició su carrera en el teatro y, tras la interpretación de pequeños papeles en el cine, se convirtió en los años presentó el programa de 80 y 90 en una de las actrices preferidas de los nuevos realizadores españoles. Así, participó en películas como “¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?” (1978), del cineasta Fernando Colomo. A raíz de sus colaboraciones televisivas como actriz tuvo la oportunidad de conocer al fallecido periodista Fernando García Tola, el cual la contrató para que trabajara en el programa de entrevistas Esta noche que multiplicó exponencialmente su popularidad. Con este programa se dio a conocer entre el público español en la década de los años ochenta y protagonizó la famosa frase que le dirigía Tola a Maura: “Nena, tu vales mucho”.
En 1980 comienza su colaboración con Pedro Almodóvar, como protagonista de su primer largometraje “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, convirtiéndose en la gran musa del cineasta español, con quien trabajó prácticamente en todos los títulos de esta década, como “Entre tinieblas”, “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, “Matador”, “La ley del deseo”.
Y, sobre todo, “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, con la que obtuvo, en 1988, el premio Europa a la mejor actriz, su primer Goya a la Mejor Interpretación Femenina, y el Premio Nacional de Cinematografía. El filme fue candidato al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa, pero, además de no lograr la estatuilla, supuso la ruptura profesional entre Maura y Almodóvar.
El esperado reencuentro entre Carmen Maura y Pedro Almodóvar llegó en 2006 con “Volver”, una muestra de como la química entre la actriz y el director se mantenía intacta. El resultado fue el cuarto premio Goya para la actriz. Otros éxitos de Carmen Maura son “Ay Carmela!”, de Carlos Saura; o “La Comunidad”, dirigida por Alex de la Iglesia, actual presidente de la Academia de Cine.
:: Entrevista
—Medalla de Oro de la Academia del Cine. ¿Cómo lo ve?
Muy simpático. Me la darán en una cena con la gente que me quiere. Algo muy bonito.
—¿En qué pensó al enterarse?
En lo contentos que estarán mis hijos. Y en mi nieta, que es la que mejor se lo va a pasar.
—Y que presumirá de abuela…
Sí. Me acompañó a un homenaje en Málaga y, en el colegio, decía que el homenaje nos lo habían dado a las dos.
—¿Merecía usted esta Medalla?
Si es por trabajar mucho, sí. Tuve la ventaja de empezar a actuar mayor, con 25 años, por lo que conocí otra vida.
—¿En qué consistía?
Tenía marido, una hija, otro en camino y un trabajo en una sala de arte. Pero vi que tenía que actuar, y fue el gran descubrimiento de mi vida.—¿Cómo tuvo esa revelación?
Había hecho teatro, pero no pensaba en ser profesional. Hasta que vi a gente que vivía de esto y me di cuenta de que a mí se me daba bien. Un día, volviendo a casa sola, me decidí. Y empezó una vida muy complicada.
—¿Fue una decisión difícil?
Lo difícil fue salir adelante. No por el trabajo, que ha sido siempre muy satisfactorio, sino por mi vida. Sufrí mucho.
—¿Cómo fueron esos inicios?
Hubo de todo. Comedias horribles, fotonovelas, radionovelas… La primera vez que fuimos a EE UU, Almodóvar me hizo un currículum. Destacaba algunos de mis trabajos: Supergolpe en Navalcarnero, Mi chica, la minifaldera…
—¿Cuál fue el trabajo más raro?
El café-teatro. Venían a vernos borrachos, gente que salía de bodas y bautizos… Era como ganado, estaban todos locos y tú tenías que hacerles reír.
—¿Qué lección aprendió?
Que siempre es mejor trabajar que quedarse en casa. Que, hagas lo que hagas, hazlo como si fuese lo más importante del mundo. Y respeta mucho al público. Aunque sepas que estás haciendo una mierda, pon toda tu alma. Hace que las cosas funcionen y que tú te quedes tranquila.
—¿Fue alguna vez de estrella?
No. Es agotador, y lo que me gusta es pasear por mi barrio con mi perra. Cuando Tola me sacó en televisión, sufrí el shock de la fama y sopesé qué ventajas tenía. La mayor era poder hablar con gente de la calle, desconocida, y enterarme de muchas cosas. Para saber si una película mía, gusta me basta con salir a la calle para que me lo digan.
—¿Cómo aprendió a ser actriz?
Nunca fui a una escuela: desde pequeña lo hacía bien. Con siete años montaba funciones y me ocupaba de todo. Bailar o cantar ayudan, pero lo importante, fingir y meterte en un personaje, o se tiene desde pequeño o no se tiene.
—¿A qué es comparable actuar?
A seguir cursillos de psicología… barata. Para hacer creíble un personaje tienes que convencerte de cada uno de sus gestos, de sus frases. Tienes que planteártelo todo. Y, además, mezclarlo con cosas tuyas. No lo hago aposta, pero cosas mías se me cuelan.
—¿Cómo prepara un papel?
En casa, con la cabeza y el texto. Nunca ensayo delante del espejo. Le doy vueltas al guión en mi cabeza y, de repente, sale solo. Me parece un milagro.
—¿A qué papeles dice que no?
A los que no son para mí. No soy de retos: si acepto algo es porque me siento capaz de hacerlo. También cuenta mucho que el director esté convencido. Nunca he intentado convencer a nadie: si dudo, recomiendo a otra actriz.
—¿Afecta el trabajo a su vida?
Generalmente no, pero hay días… Si te pasas horas llorando una muerte, o peleándote con alguien en un plató, llegas a casa con bajón. Pero, cuando termino una película, al día siguiente la olvido.
—¿Actuar la ha ayudado a escapar de momentos difíciles?
Miles de veces. Cuando empecé a actuar, mi vida era muy dura, pero recuerdo llegar al Teatro Valle Inclán y, al hacer reír a la gente, olvidarlo todo. El trabajo me ha sacado de depresiones y me ha enseñado a reírme de todo. Estoy tan acostumbrada a moverme entre frases graciosas que mi sentido del humor se ha desarrollado. Hasta lo más trágico puede tener algo cómico.
—¿También la crisis actual?
Es difícil, porque la gente está sufriendo mucho. Para verlo basta con hacer la compra. Aunque a ti te vaya bien, es difícil escapar de tanta tristeza.
—¿Afectan esos problemas económicos a los actores?
Sí, porque lo que hacemos no es imprescindible. Lo imprescindible son las patatas, los tomates, las cosas de comer.
—¿Pensó en llegar hasta aquí?
No, es mucho más de lo que imaginaba. Pensaba que podría vivir del teatro, pero no tanto del cine. Las actrices no tenían mi físico, que es el de una persona de la calle. No tengo pinta de actriz.
—Pero la han llamado Almodóvar o Coppola…
Sí, pero casi me gusta más trabajar con debutantes. Acabo de rodar con Yasmina Reza, que me ha dado un papel maravilloso en su primera película. Ha sido un curso de interpretación.
—¿En qué consiste actuar?
Es algo muy personal, a lo que puede llegarse por diferentes caminos. Cada uno ha de buscar el suyo: para mí, lo fundamental es afrontar el personaje con relajación, tomárselo muy en serio y estudiar bien el papel.
—¿Aconseja a los jóvenes?
A los que me han preguntado. Pero lo que intento, siempre que veo a alguien asustado, es tratar de quitarle importancia. Convencerle de que es divertido, de que se llega antes pasándolo bien que sufriendo. Aunque hay actores que dicen justo lo contrario.
—¿Quién le ha impresionado?
Álex de la Iglesia me dejó de piedra: por lo gracioso que es, porque es un niño maravilloso a los mandos de un tren eléctrico gigantesco. Me hace feliz. Respecto a los actores, admiro a montones. Respeto mucho esta profesión: ponemos en juego nuestro cuerpo, nuestra cabeza y nuestros sentimientos.
—¿Los mejores actores son los más humildes?
Es muy importante, porque la cámara no es tonta y hay que conquistarla: a ella y a los humanos que la rodean. Hay que enfrentarse a la cámara con salud, generosidad, mucho trabajo traído de casa y las horas necesarias de sueño.
—¿Fantasea todavía con trabajar con alguien?
No, porque ocuparía mucho sitio en mi cabeza. Pero, en general, me atrae más un director español que un extranjero. Trabajar con alguien muy famoso, como pasó con Coppola, es un lío. En cambio, es una gozada que te llegue un guión de un debutante listo, joven y talentoso.
—¿Se jubilará algún día?
¡Es que ser actriz me divierte mucho! No sé dónde viviré, pero creo que actuaré siempre. No me da pereza el trabajo. Lo que me da pereza es la vida real: ocuparme de los papeles de la casa, del banco… De eso sí que me encantaría retirarme.
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