![]() Derechos de autor. La técnica de aplicar cánones a todo tipo de tecnologías reproductivas, es trasunto que tiene que ver con el afán por la martingala y en nada afecta a la protección de los derechos de autor. ¿Nada se sabe de cómo se reparte el canon ni cuántos, ni quiénes, son los beneficiarios de dicho canon? El canon que se impone a las tecnologías reproductivas es un canon ciego, que no entiende si la citada tecnología reproducirá obra cuyos derechos de autor han devengado, si es obra cuyos autores, precisamente, quieren que se divulgue, sin limitaciones administrativas o burocráticas, o si lo que se reproduce es la propia obra. Es un canon ciego. Y lo que más irrita es que sea oscuro, opaco, que parezca lo que es, una treta y no abandone en todas sus manifestaciones ese toque marrullero del que tanto presume y, a pesar de lo cual, bendecido por la Ley. :: Comunicación pública de obra protegida ¿La SGAE, como tal, acaso no es el principal pirata, el más peligroso, el que más lesiona la industria de la cultura y, más directamente los intereses del autor original y del acto creativo? Dice la Sociedad General de Autores, la SGAE, la más beligerante entre este tipo de entidades, por boca de Ramón Muntaner, Director del área mediterránea de dicha asociación, que entiende “las iras de muchísima gente” acerca de los cánones que se deben pagar por “la comunicación pública de una obra protegida”, debido a las dificultades para comprender “el concepto”. Y es que, la SGAE, en nada contribuye a esclarecer dicho concepto. La SGAE se arroga una representación universal que no tiene, ni la Ley le otorga y no explica, de ninguna manera, cómo reparte la recaudación, entre cuántos y quiénes son esos cuántos. No específica como retribuye a los autores no españoles y no explica las razones por la que se arroga la representación universal y de aquellos que no quieren ninguna tutela recaudatoria sobre su propia obra. A la SGAE, —con buena parte de su presupuesto dedicado a su defensa legal, con numerosas sentencias en contra —se le han revelado la industria de tecnologías reproductoras, se le han revelado las peluquerías, los ayuntamientos y numerosos particulares y a pesar de la rebelión, de tanta oposición, este tipo de sociedades, se empecinan en anteponer el negocio de la copia al negocio del acto creativo. Y lo hacen con la excusa de que protegen la cultura y al creador y de que su actividad, ¡es el colmo!, es específicamente progresista. En la práctica están despreciando, al alimón, la divulgación de la cultura, su socialización, y el acto creativo. En la práctica lo que ocurre es que desprecian el acto creativo, al autor, a la obra original y a la retribución directa del público al autor, al creador de dicha obra, sin necesidad de tanta mediación burocrática sobre las espaldas del creador, del que abusan y al que usan como si de un trapo maloliente se tratara. ¿La SGAE, como tal, acaso no es el principal pirata, el más peligroso, el que más lesiona la industria de la cultura y, más directamente los intereses del autor original y del acto creativo? ¿Cobrar un canon por la representación de un auto sacramental? ¿Cómo es eso? |
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