San Juan (Puerto Rico). El poeta español Juan Ramón Jiménez es recordado, a los 50 años de su muerte, en Puerto Rico, país en el que recibió el Premio Nobel en 1956 y en el que fallecieron su esposa y él. Para los académicos puertorriqueños estudiosos de la obra del autor de Platero y yo, el legado de este poeta español está profundamente ligado al país caribeño donde vivió sus últimos años. La directora del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico (UPR), la española Matilde Albert Robatto, describió a Juan Ramón Jiménez (1881-1959) como el “mejor poeta de la Poesía Pura”, a la que se dedicó en “cuerpo y alma”.
Autora del libro “Federico De Onis: Cartas con el exilio” —que trata sobre la correspondencia que mantuvieron el escritor español De Onis (1885-1966) y Juan Ramón—, Matilde Albert señaló que irónicamente De Onis también murió en Puerto Rico.
La presencia de Juan Ramón en Puerto Rico “ha sido fundamental para los lectores puertorriqueños y las investigaciones hispanas”
En ese volumen, Albert recordó las dificultades económicas que tuvieron el poeta y su esposa, Zenobria Campubrí —de madre puertorriqueña y padre catalán—, “en diferentes momentos de su vida y, sobre todo, en el exilio, situación que se agravó con su enfermedad y las hospitalizaciones”.
Por otro lado, Carmen Dolores Hernández, miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, manifestó que la presencia de Juan Ramón en Puerto Rico “ha sido fundamental para los lectores puertorriqueños y las investigaciones hispanas”. Y agregó que Juan Ramón Jiménez “avivó la fama literaria en Puerto Rico” y “alertó a muchos poetas que empezaban con sus poemas y les daba palabras de aliento” para que continuaran con sus obras.
Juan Ramón Jiménez, que junto a su esposa e imprescindible colaboradora se exilió anteriormente a EE.UU. y Cuba, aceptó el puesto de poeta residente de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Los vínculos familiares del poeta y Zenobia Camprubí (1887-1956) estaban relacionados con esta isla caribeña, ya que la abuela de ésta era puertorriqueña, según Matilde Albert.
Premio Nobel de Literatura en 1956
Durante su estancia en Puerto Rico, Juan Ramón Jiménez entabló amistad con escritores como Luis Palés Matos y “ese contacto fue un agente proveedor de mayores horizontes para los poetas puertorriqueños”, afirmó Carmen Dolores Hernández. Después de que, en enero de 1956, la Universidad de Maryland (EEUU) presentase oficialmente la candidatura al Premio Nobel de Literatura, llegó a la isla el periodista sueco Olle Lindquist con la intención de entrevistar al poeta. Zenobia estaba moribunda cuando el periodista sueco fue a visitarla y, consternado porque la noticia de la concesión pudiera llegar demasiado tarde, llamó al director de su diario, quien contactó con el secretario de la Academia Sueca para explicar la situación.
El periodista sueco consiguió desde San Juan que le confirmaran extraoficialmente la concesión del galardón y se lo comunicó a Zenobia en el hospital. Por ello, Juan Ramón supo que le había sido concedido el Premio Nobel de Literatura de 1956 de la boca de su propia esposa que permanecía ya postrada en una cama de hospital.
Juan Ramón Jiménez es considerado el “mejor poeta de la Poesía Pura”
Unos días más tarde, el 25 de octubre, llegó la confirmación oficial, y el rector de la UPR, Jaime Benítez, suspendió las clases y convocó un acto en honor del poeta español en la sala del teatro de la universidad, que fue abarrotada por más de 3.000 estudiantes.
Aquejado de varios problemas de salud y profundamente apenado por la pérdida de su esposa, el día de la entrega del premio en Estocolmo, el 10 de diciembre, el escritor de “Diario de un poeta recién casado” delegó en Benítez la recepción del Nobel. Uno de los mayores legados que dejó Juan Ramón a su muerte, acaecida el 29 de mayo de 1958, fue la sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de la Biblioteca José M. Lazaro de la Universidad de Puerto Rico.
Dicha sala alberga una gran colección de libros y muebles, así como el pergamino y la medalla de este Premio Nobel de Literatura de 1956. Asimismo, también cuenta con cartas que poetas noveles puertorriqueños enviaron a Juan Ramón Jiménez, así como libros y revistas que publicó el poeta español y que sólo se exhiben en Puerto Rico, lo que Hernández describió como “un verdadero tesoro”.
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