Fenómeno Ikea. Los muebles de Ikea están en millones de hogares de 39 países de cuatro continentes, han cambiado la forma de entender el mobiliario y su condición de icono cultural les ha abierto ahora incluso las puertas del Museo del Mueble de Viena. “Fenómeno Ikea”, así titula este museo, originalmente depósito oficial del mobiliario del Imperio Habsburgo, la muestra que dedica al popular fabricante sueco y a su exitoso concepto de “democratización del diseño”. La exposición, abierta hasta el próximo 11 de julio, no pretende hacer publicidad de la marca ni ser una muestra de Ikea, sino sobre Ikea. Los dos objetivos, sin embargo, se han conseguido.
FENÓMENO IKEA
De diseño, barato y en piezas. Fenómeno Ikea. Los hombres y mujeres construyen el nido con sus propias manos. Ikea realiza una parte de nuestro instinto animal. La marca sueca ha sabido vender el conepto de mueble que facilita la vida diaria y no como símbolo de estatus social o lujo, sin renunciar al diseño. Bonitos objetos cotidianos. Muebles prácticos y baratos a disposición del gran público.
“La forma en que Ikea vende muebles ha influido decisivamente en los últimos treinta años en Europa Occidental”, explica Markus Laumann, comisario de la exposición, al justificar la temática de esta original exposición. Una influencia con la que la estantería Billy y compañía se han ganado un lugar en el mismo museo que expone los muebles en los que se sentaba o dormía la mismísima emperatriz Sisi.
Aproximadamente cien objetos componen esta muestra en la que es posible ver la evolución del diseño de la empresa fundada por Ingvar Kamprad, desde la afición sueca por la madera y las superficies diáfanas a los diseños más internacionales. La exposición trata también de explicar el porqué del éxito del concepto Ikea, al tiempo que revela sus raíces en los movimientos reformistas y la Revolución Industrial de los siglos XIX y XX, cuando la máquina hizo posible la fabricación masiva y económica de objetos cotidianos.
Ikea bebe, por un lado, del movimiento de la Bauhaus de la Alemania de entreguerras y su apuesta por dar funcionalidad a la estética aprovechando la producción industrial. Por otro, la influencia de Karl Larson, el ilustrador y pintor sueco que usó habitualmente como modelo de sus obras su propio hogar y su decoración moderna, ligera, luminosa y adaptada a las necesidades de una familia de ocho miembros, y que se convirtió en una de las principales corrientes de interiorismo en Suecia.
Sin embargo, sólo Ikea logró adaptar con éxito esos conceptos al ámbito empresarial, en parte, según Laumann, por la línea excesivamente “avant-garde” y purista de otros intentos parecidos. El responsable de la exposición explica que la marca sueca sí supo vender esa idea del mueble como objeto que facilita la vida diaria y no como símbolo de estatus social o lujo. “Bonitos objetos cotidianos. Muebles prácticos y baratos a disposición de la masa”, es la fórmula del éxito, resume Laumann.
Pero, además del precio, otro de los elementos característicos de Ikea y parte sustancial del éxito, es la máxima “do it yourself“, “hazlo tú mismo”, que no sólo abarata el mueble, sino que introduce factores como la iniciativa propia, la improvisación y el orgullo por el objetivo cumplido. “Un esquema que encajó muy bien en la Europa de los años 70″, explica Laumann, en relación a la mentalidad de la época en la que Ikea comenzó su expansión internacional.
Luego, la marca ha sabido adaptarse a los cambios sociales. “Ya no es una marca de muebles juveniles para gente joven que quiere marcar diferencias con la generación y los muebles conservadores de sus padres”, indica el comisario. Ahora, Ikea responde a la idea de una vida nómada, de continuas mudanzas y de la obsesión por la novedad. Así, pese a que Laumann muestra reservas a la hora de referirse a los muebles de Ikea, incluso los más populares, como obras de arte, sí reconoce que algunos son contemplados desde una perspectiva artística.
“No es arte, es un mueble que perdura y, debido a su éxito, es contemplado de una forma artística”, explicó el comisario, quien sí concede que algunos de los muebles más vendidos se han convertido en “iconos del diseño democrático, de masas”.
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