Leila Jacue. Victoriano Crémer durante su intervención tras el emocionante homenaje que le rindió hoy viernes la comunidad escolar del IES Juan del Enzina
León. “Estoy emocionado. Me he visto revivido, rehecho, reconstruido… Y he podido llorar a gusto en la oscuridad. Salid a la calle para decir: señores leoneses, gentes de buen vivir, acabamos de ver llorar a un hombre”. Así de trémulo se mostraba Victoriano Crémer, tras asistir al homenaje poético, musical y teatral que le ofrecieron los alumnos y profesores del IES Juan del Enzina. El escritor, que en diciembre cumplió 101 años, medio improvisó un discurso de agradecimiento, al término del acto. Y a su vez consiguió emocionar a quienes le homenajeaban, cuando para acabar pronunció simplemente estas palabras: “Y ustedes perdonen si me muero sin avisar”.
Sin embargo, un ratito después del homenaje, tomando un aperitivo en la cafetería del instituto leonés, Victoriano Crémer aseguraba tener cuerda para rato. “Por lo menos me quedan otros 25 años de vida ¿no?”, decía con sorna, mientras los alumnos preguntaban, incrédulos ante su vitalidad y lucidez: “¿Pero de verdad tiene más de cien años?”.
Porque, aunque se emocionó de veras durante el homenaje, Crémer también disfrutó como un chaval. “Los alumnos han hecho una brillante puesta en escena, ha sido maravilloso, precioso, muy bien hecho y muy adecuado. No se puede decir más que esto: me he sentido rehecho, rejuvenecido. Esto me lo hacen a mí a los 20 años y arraso… Pero claro, me lo hacen a los cien y me tiene sin cuidado lo que digáis”, se reía.
“Crémer es un superviviente, y debe a su esfuerzo personal, a muchos sacrificios, el haber alcanzado el grado de maestro que le confiere el resto de poetas leoneses” (Maximino Barthe)
El escritor, de hecho, revivió su durísima trayectoria vital, especialmente en la parte de su infancia y juventud, a través de una poética puesta en escena de los alumnos, dirigida por Javier R. de la Varga y Héctor Alonso, y en la que también participaron poetas y músicos leoneses, como Víctor M. Díez o Ildefonso Rodríguez. Como bien explicó el director del Juan del Enzina, Maximino Barthe, Crémer “es un superviviente, y debe a su esfuerzo personal, a muchos sacrificios, el haber alcanzado el grado de maestro que le confiere el resto de poetas leoneses. Pero también por eso es un ejemplo para las generaciones venideras. Ha sabido, gracias a su ironía, capear el temporal cuando venían mal dadas, pero también acoger con humildad los premios y los elogios cuando las cosas venían bien, y de esa manera, nos ha ido ganando el corazón a todos los leoneses”.

Su nacimiento en el barrio burgalés de San Cosme, en 1907, en el seno de una familia humilde. Su infancia de niño trabajador, que a los 8 años ya vendía periódicos por la calle para ganarse un jornal. La anécdota poco conocida de cómo la familia del niño Cremer tuvo que vivir durante más de un año en un vagón de tren abandonado. Su juventud de lucha obrera y libertaria. O su penoso paso por la cárcel de San Marcos, durante la guerra civil, donde estuvo a punto de morir fusilado por motivos políticos. “Nosotros sabíamos lo que era morir de noche, porque nuestros guardianes jugaban a matarnos con fingimientos espectaculares. Nos fusilaban de mentira contra los tapiales del patio. De esas pruebas volvíamos a las celdas muertos”, ha contado Crémer en El libro de San Marcos, uno de sus muchas obras autobiográficas.
“Habéis tenido el gusto de recoger episodios que corresponden a todos los que vivimos aquella época en una España trágica, dramática, machadiana… Y he llorado al recordarlo, sí. Pero hay datos aquí que tampoco faltan en muchas otras biografías” (Victoriano Crémer)
Después de revivir su vida a través de la acción teatral de los alumnos, el escritor reflexionaba así: “Habéis tenido el gusto de recoger episodios que corresponden a todos los que vivimos aquella época en una España trágica, dramática, machadiana, la doble España decidida a que unos acabaran con los otros. Y he llorado al recordarlo, sí. Pero hay datos aquí que tampoco faltan en muchas otras biografías”. Y tras señalar con humor que “el que nace pobre se queda de pobre toda la vida”, Victoriano Crémer también aludió a su satisfacción por haber cumplido con “la aventura peligrosa de vivir” en ese tiempo histórico “alterado, convulso, dramático… de la historia de España”.
“Al que le tocó vivir esta fabulación histórica, no le quedó tiempo ni ganas para cuidar del hombre”, sentenció, antes de recordar que “así que pasen cien años uno también comienza a morir lentamente”.
“Morir es una costumbre que suele tener la gente y es mejor tomárselo sin angustias y sin quebrantar el alma. Pero yo, como decía Jorge Gillén, como buen aventurero, cuando muera, quiero saber que me muero. Y quiero morir sin volver la vista atrás, y sin revolver en los archivos. Porque se muere solamente una vez y para siempre, así que… ustedes perdonen si muero sin avisar”.

:: Un libro de memorias que no publicará
“Ya soy mayor para escribir por la cara”, lamenta Crémer
Victoriano Crémer ha empezado a escribir sus memorias, pero como dice él “¿Quién me va a pagar ese libro? No lo quiere pagar nadie, y yo, si no me lo pagan, no lo publico. Porque eso de escribir por la cara… ya soy mayor para eso”
El escritor tiene ahora mismo entre manos un nuevo libro de poesía y una novela, María Maragata. El poemario lo entrgó hace días para publicar en el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, con sede en Burgos. Y la novela sigue su curso, aunque de momento repose en un cajón a la espera de ser retomada. “Lo que me encanta de esa novela es el título, María Maragata. El nombre es ficción, pero el personaje es real”, apunta. También ha empezado a escribir sus memorias, pero como dice él “¿Quién me va a pagar ese libro? No lo quiere pagar nadie, y yo, si no me lo pagan, no lo publico. Porque eso de escribir por la cara… ya soy mayor para eso”.
En ese sentido, Victoriano Crémer lamenta pensar que se va a morir sin poder contar en un libro lo que fue la guerra civil en León. “Porque todo lo que se ha dicho en León sobre la guerra, y sobre la memoria histórica… todo eso es un camelo. Lo importante es cómo fue, cómo se desarrolló la guerra aquí… y eso sólo lo saben los que estuvieron allí. ¿Quién queda de los que estuvieron allí? Solo yo”.
A la pregunta de los periodistas de qué tal se portan las instituciones de León con él, Victoriano Crémer respondió raudo y escueto: “Mal”. “Bueno, ahora ya no tengo casi ningún tipo de relación con las instituciones, ni ellas conmigo. Pero también es cierto que yo tuve un tropiezo, cuando una periodista, a la que no hay que culpar, me hizo una pregunta capciosa sobre el presidente del Gobierno y, cuando yo vi que apagaba la grabadora, le di una respuesta adecuada a lo capcioso de la pregunta. Y la cagué. A partir de ahí…”.
Crémer asegura que, a su juicio, en estos momentos “existe realmente una censura, distinta a como se conducía con Franco, pero la censura existe”. Aunque añadió que, a sus 101 años, eso le importa bastante poco. “No creo que viva más de 25 años más, pero creo que a estas alturas sí que puedo permitirme decir lo que quiera ¿no?”
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