Literatura y ensayo. El escritor, periodista y ensayista Carlos Monsiváis, uno de los pensadores más importantes de la historia contemporánea de México, falleció este sábado a los 72 años a consecuencia de una crisis respiratoria, dejando tras de sí un legado de textos y más de 30 galardones en reconocimiento a su labor crítica y de denuncia sobre la realidad mexicana. Monsiváis, autor de ‘Nuevo catecismo para indios remisos (1982)’, ‘Escenas de pudor y liviandad (1988)’, o ‘Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina’ (2000), que le valió el Premio Anagrama de Ensayo, será homenajeado hoy en el Palacio de Bellas Artes de México D.F. después de que sus restos mortales fueran velados anoche en el Museo de la Ciudad capitalino.
“Carlos Monsiváis era crítico e irónico y, según el poeta José Emilio Pacheco, era también, el único escritor que la gente reconoce en la calle
El escritor mexicano llevaba ingresado desde el pasado 2 de abril en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición ‘Salvador Zubirán’ por graves problemas respiratorios, pero su estado de salud se había agravado durante las últimas semanas. Nació en la ciudad de México el 4 de mayo de 1938, Carlos Monsiváis Aceves ha sido descrito como “crítico e irónico y, según el poeta José Emilio Pacheco, el único escritor ‘que la gente reconoce en la calle’. Considerado un gran cronista de la vida cotidiana de los mexicanos, del arte y de sus personajes populares, escribió multitud de ensayos, un libro de fábulas, y biografías de personajes que han dejado huella en la vida mexicana como Salvador Novo“, según el obituario del diario mexicano ‘El Universal’, del que fue colaborador.
El presidente mexicano, Felipe Calderón, expresó su pesar y trasladó a los familiares sus profundas condolencias por la muerte de Monsiváis, “quien fue poseedor de una pluma y de una inteligencia excepcionales” y cuya obra es “referencia fundamental para comprender la riqueza y diversidad cultural de México”. A tal efecto, el Gobierno anunció la creación del galardón de la ‘Medalla Carlos Monsiváis al Mérito Cultural de la Ciudad de México’, como “un reconocimiento a su obra literaria y periodística y por su contribución en la construcción de un pensamiento cultural democrático”.
:: Biografía
En su Autobiografía (escrita a los 28 años de edad), escribió: «acepté esta suerte de autobiografía con el mezquino fin de hacerme ver como una mezcla de Albert Camus y Ringo Starr»
Desde muy joven colaboró en los más importantes suplementos culturales y medios periodísticos del país. Estudió en la Facultad de Economía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su amplia cultura, su curiosidad universal, su eficaz escritura y su capacidad de síntesis, le permitieron desentrañar los aspectos fundamentales de la vida cultural y política mexicana del pasado y del presente.
Como gran parte de su obra se publicó en periódicos, es difícil tener precisión respecto al volumen de la misma. A pesar de tener múltiples libros publicados (más de cincuenta), la mayor parte de sus escritos no se editaron en libros y sólo pueden encontrarse en revistas, suplementos, semanarios y todo tipo de fuentes hemerográficas. Otra parte de su obra está dispersa en las cientos de entrevistas que dio a diversos medios nacionales y extranjeros. Entre los diarios más importantes de México en que colaboró, se encuentran Novedades, El Día, Excélsior, Uno Más Uno, La Jornada, El Universal, Proceso, la revista Siempre!, Eros, Personas, Nexos, Letras Libres, Este País, entre otras publicaciones. Además, fue editorialista de varios medios de comunicación.
Sus posiciones políticas y su perspectiva crítica lo llevaron, desde el inicio de su carrera periodística, a dar cuenta de todos aquellos fenómenos literarios, sociales y culturales que implicaban un desacato al autoritarismo, el orden establecido y el conservadurismo. De ahí su interés en el movimiento estudiantil de 1968, los ídolos populares (El Santo, Cantinflas), el movimiento feminista, las figuras contestatarias de izquierda y los personajes o acontecimientos que en algún sentido implicaban un avance de las ideas progresistas y un rechazo a toda posición intolerante y retrógrada). De ahí también la importancia que le dio a la promoción de los derechos de las minorías sociales, la educación pública y la lectura.
Otro de sus intereses fue el cine nacional. No sólo escribió múltiples ensayos y acercamientos al tema (el libro Rostros del cine mexicano, por ejemplo), sino que también dirigió por más de diez años el programa El cine y la crítica en Radio UNAM. Asimismo, fue secretario de redacción en las revistas Medio Siglo (de 1956 a 1958) y Estaciones (de 1957 a 1959) y director del suplemento «La cultura en México» de la revista Siempre! (entre 1972 y 1987). También fue director de la colección de discos Voz Viva de México, de la UNAM.
Practicó diversos géneros literarios (el cuento, la fábula, el aforismo…), pero sobre todo se le consideró cronista y ensayista. De hecho, la parte fundamental de su obra logró una perfecta conjugación de ambos géneros, al grado en que algunos denominan sus textos crónicas-ensayo o croni-ensayos. Puede decirse que fue el padre de la crónica moderna en México. Sus innovaciones técnicas y la diversidad de registros que pueden observarse en sus textos cambiaron la faz del género de la crónica de manera tal que ningún cronista mexicano posterior a él está exento de su influencia. No sólo eso: la potencia creativa que Monsiváis le otorgó a la crónica permitió que se le considerara no sólo un subgénero o género menor. La obra de Monsiváis no puede desligarse del hecho de que la crónica haya sido revalorada en el ámbito literario en México.
Se ha dicho que su obra tiene a un doble registro: los movimientos sociales y los grandes personajes, la política y el espectáculo, la cultura popular y la alta cultura. Para el autor esta doble vertiente era inexistente, pues no hay verdaderas fronteras entre tales fenómenos y contextos. De hecho, ya en su Autobiografía (escrita a los 28 años de edad), escribió: «acepté esta suerte de autobiografía con el mezquino fin de hacerme ver como una mezcla de Albert Camus y Ringo Starr».
Si un elemento recorre toda la obra de Monsiváis es el humor ácido unido a la inteligencia crítica. Por ello, la ironía es una de las aristas fundamentales para entender sus textos. La ironía como crítica mordaz frente a la realidad intolerable, pero también como regocijo ante el agravio o daño recibidos. Esto es claramente visible en otro de los géneros a los que acudía con frecuencia Monsiváis: la sátira política. En su columna “Por mi madre, bohemios” (que se editó por décadas en diversas publicaciones del país) compila declaraciones de políticos, empresarios, representantes de la Iglesia y otros personajes de la vida pública, mofándose de su ignorancia o de su visión limitada del mundo y exhibiendo la demagogia de las clases que gobiernan al país.
De entre sus innumerables libros destacan Días de guardar (1971), Amor perdido (1977), Nuevo catecismo para indios remisos (1982), Escenas de pudor y liviandad (1988), Los rituales del caos (1995), Salvador Novo. Lo marginal en el centro (2000) y Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina (2000), entre otros. Entre los múltiples galardones que recibió se encuentran el Premio Nacional de Periodismo, el Premio Mazatlán, el Premio Xavier Villaurrutia, el Premio Lya Kostakowsky, el Premio Anagrama de Ensayo y el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo).
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