Madrid. El chileno Jorge Edwards disfruta a sus 77 años de buena salud, pero se pregunta con ironía hasta cuándo va a poder seguir ejerciendo su vocación literaria, que en esta etapa de su vida le empuja a escribir con “más soltura”.
“Yo he escrito toda mi vida y a veces me pregunto hasta cuándo voy a seguir, pero terminé La casa de Dostoievsky y ya tengo ideas para por lo menos dos libros más”, explica el escritor. Jorge Edwards visita España para presentar la novela con la que se alzó ganador del II Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica, fallado en abril pasado en Buenos Aires.
“Nunca he escrito una novela en la que la parte amorosa y erótica sea tan fuerte”
Un galardón del que se muestra especialmente satisfecho “por nuevo y por no estar contaminado”, dice Edwards, que precisa que la novela premiada es “bastante personal” y “llena de poesía”.
Aclara que en la La casa de Dostoievsky se ha acercado a la poesía con una mirada de “fascinación, atracción y cierta frustración”. Pero en esta obra no sólo hay poesía, puntualiza, también está “la política, la critica del orden tradicional, la crítica de esa critica, y el amor”. “Yo nunca he escrito una novela en la que la parte amorosa y erótica sea tan fuerte”, apunta el escritor que hace gala de su edad y que apostilla: “yo también me habría enamorado de Teresita”, uno de los personajes femeninos de la novela.
Jorge Edwards obtuvo el Premio Cervantes de Literatura en 1999
La define como “invento literario”, porque La casa Dostoievsky se alimenta de ficción, pero también de realidad. Así, episodios de la vida del literato Enriqe Lihn inspiran la construcción del personaje principal, de quien Edwards no desvela claramente su identidad, pero sobre el que apunta “es leído y querido” por los jóvenes que daban sus primeros pasos en los años cincuenta del siglo pasado.
Desde entonces ha pasado mucho tiempo, recuerda el escritor, quien reflexiona en voz alta y dice “cuanto más viejo me pongo con más soltura escribo, me preocupo menos del detalle, antes consultaba diccionarios o gramáticas, ahora no consulto nada”. Premio Cervantes de Literatura en 1999, a Jorge Edwards le avala una larga trayectoria como escritor, salpicada de diversas aventuras políticas como diplomático. “Una experiencia breve”, en opinión de Edwards, pero que le permitió “conocer mundo”.
“La diplomacia me permitió conocer una ciudad tan literaria como París”
Y si alguna ciudad recuerda con especial cariño, esa es París.
“La diplomacia me permitió conocer una ciudad tan literaria como París, en un momento en el que la novela latinoamericana tenía un desarrollo muy fuerte” de la mano, de Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier o Miguel Angel Asturias.
No cree Edwards que los autores representantes del “boom” hagan sombra a las nuevas generaciones, porque muchos de ellos “están muertos y otros dejaron de escribir”.
A los más jóvenes aconseja que “no se hagan ilusiones, porque en la literatura no hay mucho dinero y sí mucho sacrificio”. Rememora que él llegó a la escritura “con vergüenza y a escondidas, porque mi familia quería que fuese abogado o político”.
También recuerda la fascinación que sentía por la lectura —ávido de la literatura española y francesa—, y observa perplejo como hay escritores que quieren ejercer el oficio saltándose la lectura.
A Edwards la inspiración le llega trabajando y explica que escribe toda la mañana hasta después del mediodía, mientras que las tardes las dedica a impartir conferencias o conversar con amigos. “Mi tarde esta abierta y mi mañana esta esclavizada en un estudio”, dice el escritor convencido de que el “único y verdadero éxito es ser leído”.
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