Manuel Ferro. El escritor, viajero y editor José-Miguel Ullán ha recogido su obra poética completa en el libro 'Ondulaciones', que se presentó en la Fundación Segundo y Santiago Montes de Valladolid
Valladolid. A la hora del vermouth, la plaza está soleada y le vemos en el tendido mirando la arena, rodeado de su cuadrilla. Nos acercamos. Nos recibe con dos trincherazos cariñosos pero adustos. El maestro se muestra cordial pero está serio, como siempre que ha de saltar al ruedo. Esto no es una crónica taurina. Ni una lectura, pues, una corrida. Esta Plaza es cuadrada, que no redonda, La Plaza Mayor de Valladolid. Y la arena no es de albero sino que busca la vertical, es una muestra de esculturas de arena, tan poco costera, tan castellana… Pero si Ullán es el diestro y le acompañan en el cartel Casado y Martín Garzo, la faena se pone seria.
Conmueve ver a alguien tan grande con el congojo y recogimiento de las tardes de compromiso. Ojalá jugase hoy la selección, me dice, buscando un burladero. Nos movemos, eso sí, como taurinos, rodeando al maestro, acompañándole, procurando no agobiar. La cuadrilla la completan algunos exgorriones como Luis Marigómez, Esperanza Ortega e Ildefonso Rodríguez. No pueden faltar en estos saraos una cantante que se defienda en lo tropical como Cova Villegas o un poeta de Segovia pasado por Iowa, como Luis Javier Moreno. No le importaría a quien esto escribe ser el mozo de espadas o llevar el botijo, para completar la estampa que fotografía Manolo Ferro.
Conmueve ver a alguien tan grande con el congojo y recogimiento de las tardes de compromiso. Ojalá jugase hoy la selección, me dice, buscando un burladero
La tarde se disgrega después de la comida, cada mochuelo a su olivo. Horas de sombra y reflexión en el hotel. A vestirse para el quite.
A la caída de las ocho de la tarde, Cati espera con la sonrisa abierta en el jardín de la Fundación Segundo y Santiago Montes, y bajo el gran árbol guiñan las cámaras de los chicos de la prensa. Ullán se apoya en la escultura de Chillida y procura mostrarse relajado para los papeles y los amigos. Observándole, pienso que la radio es su medio, que le queda bien al descaro de su timidez, a su pensamiento crítico, a su pasión por las folclóricas y los artistas, a su voz concreta, a su manojo de voces. Pienso en esa figura radiofónica a la que dicen tren de voces, collage de hablas; y el acto se abre como un libro.

Conversación, canciones
Sale el primero. La poesía de Ullán nos abre a una nueva causalidad donde las voces de la conversación o las letras de las canciones conviven con naturalidad con las voces de los grandes poetas y los filósofos. Como en el célebre tapiz de la dama y el unicornio, en su poesía conviven frutos, instrumentos musicales, monos, periquitos, estandartes y cofres, afirma Gustavo Martín Garzo.
“La ironía de Ullán, lejos de ser una forma de displicencia intelectual, es una clase muy especial de escucha: la que el texto se dirige a sí mismo, aquella con la que —desdoblándose— reconoce sus niveles y capas, preserva todas las raíces de la voz”
Y la voz de José-Miguel pone acento musical a esa avalancha, a esa amalgama que fluye negándose y afirmándose, incluso en lo dicho por decir, en lo aparentemente banal del habla: la frase hecha, del dicho al hecho, lo hecho polvo del decir. Ironía, que en palabras de Miguel Casado, es una de las notas que le dan carácter a la escritura de Ullán. Porque su ironía, lejos de ser una forma de displicencia intelectual, es una clase muy especial de escucha: la que el texto se dirige a sí mismo, aquella con la que —desdoblándose— reconoce sus niveles y capas, preserva todas las raíces de la voz.
— Y así, como una voz lleva a otra voz, el autor lee su Jueves de Veracruz y en sus palabras habla México, con perdón, como un alimento que repite toda la tarde. Como un eco, por ser más educado. Para ustedes, arranco esta escena del cuadro:
(…)
(Ruido libre de nuez)
Más palabras, no. — ¡Pues que nos sigan
trayendo!
Salvo, tal vez, ¡eterna trampa o danzonero eco!, las de ese
espabilado viejecito,
cuya voz ahora imitas sin esfuerzo alguno (para acordarte
dentro, ándale),
(…)
Cuestionar el lenguaje
Aparece Olvido García Valdés, que no estaba a su pesar, en el discurso de Miguel para decirnos que de los poetas contemporáneos, Ullán es el de mayor genio lingüístico. Con lo que quiero decir: quien ve, simultáneos, todos los perfiles de las palabras, sus regustos y densidades, los inmediatos y los oscuros, los sesgados, los que chispean vertiginosos al fondo de algunos abismos. A un tiempo. Y todos los vínculos de las palabras, sus relaciones antiguas, sus resonancias, lo que traen de allí; pero también las novedosas, las que crujen al chocar y separarse, al quedar suspendidas (y a la vez luces de la calle, resabios y chulería, y de nuevo la sequedad de los caminos polvorosos, la ternura).
Pero en otra mesa están Zambrano, Barthes y Deleuze, Villamediana y Garcilaso, Tápies y Pino. ¡Cómo está el país, mare, si tenemos que declarar a Luis Aragonés el sabio!
Y es así, en nuestro dial, se oye música al fondo de la cantina y del cabaré y de La Lola se va a los puertos y de Marifé de Triana, si tuviera que elegir a una. Pero en otra mesa están Zambrano, Barthes y Deleuze, Villamediana y Garcilaso, Tápies y Pino. ¡Cómo está el país, mare, si tenemos que declarar a Luis Aragonés el sabio!
Pero la labor poética en ese medio, matiza Miguel Casado, no es tanto producir palabras, como cuestionarlas, desdecirlas. Es un trabajo de sustracción, de disgregación y cirugía, de filtrado y montaje, de superposición en capas, desdecir, y también otros verbos frecuentes en Ullán: escarbar, desunir, desandar, desclavar… Verbos con des, los que intentan abrir zonas a la escucha entre el ruido. Y esa tarea se ejerce de modo tan riguroso que cada vez se acerca al borde del silencio, de la pérdida del discurso.
Pero la labor poética en ese medio, matiza Miguel Casado, no es tanto producir palabras, como cuestionarlas, desdecirlas
“hemos venido a reñir/ hemos venido a amar/ y al mismo tiempo/ por abril ventoso/ hemos venido a que lo uno y lo otro/ tengan sombra/ palabra/ dentellada/ o rosal”.
Y así va decelerando ese tren de voces del que hablábamos arriba. Así se detiene para confesar que ver, ver ya no o todavía no, puede ver el libro, entre el agobio de la recopilación y la congoja de haberse considerado siempre un poeta de obra breve, contenida. Y ahora, esa criatura. Y así, casi, al final.
“Puestos así, no me parece ni bien ni mal que a menudo un poeta se frene en seco, se salga de lo suyo (Nemoroso, me ausento con retraso) y se fije, no sé, aunque sea un tantico así y de reojo, en esas comprensibles expresiones orales que, desencadenadas justo después de una desgracia, rápidamente se transforman, al ir y pretender dar cuenta de ella, en mensajes que tienen, hasta para el oído mejor pensado, una comicidad involuntaria”.
→ [Nota: El pasado viernes 13 de junio, en la Fundación Santiago y Segundo Montes (Valladolid), el poeta José-Miguel Ullán fue presentado por el novelista Gustavo Martín Garzo y por el también poeta y crítico Miguel Casado, autor del prólogo de su Poesía Reunida Ondulaciones, recién publicado y del que el propio poeta salmantino ofreció una magnífica lectura. ]
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