Madrid. Cuenta la leyenda que durante el rodaje de El mexicano, Mickey Rourke se acercó a uno de los técnicos españoles que trabajaban en la película: ¿Eres español?, preguntó el actor. Extrañado de que le hicieran esa pregunta a él y no a Antonio Banderas —protagonista de El mexicano—, contestó afirmativamente. Rourke, sin soltar una botella de Johnnie Walker que llevaba en la mano, se golpeó el pecho mientras dijo: “Mi mejor amigo, mi hermano, también es español. Se llama Poli Díaz”.
Dicha anécdota suele contarse cuando se habla de la extraña carrera de Rourke, que pasó de ser uno de los ‘sex symbols’ de los años 80 a convertirse en un boxeador que buscó gloria por los distintos rings de Estados Unidos y que terminó por regresar por la puerta de atrás de Hollywood al no haber tenido suerte en el deporte de las doce cuerdas.
Rourke pasó de ser uno de los ‘sex symbols’ de los años 80 a convertirse en un boxeador que buscó gloria por los distintos rings de Estados Unidos
Rourke ha sido siempre un actor de instinto, un animal de la pantalla que ha hecho de sus interpretaciones el oficio de saber destruirse y de utilizar eso para transmitir. Sus trabajos en películas como La ley de la calle, en la que Ford Coppola le brindó la oportunidad de dar vida al misterioso Chico de la moto o en El borracho, en la que interpretó a Charles Bukowski, le valieron la fama de ser el penúltimo ‘outsider’ del cine norteamericano.
Un título éste que ahora parece revalidarse con el reconocimiento que el jurado la Mostra de Venecia ha hecho al darle el León de Oro a The wrestler, la película de Darren Aronofsky en la que el actor de Nueve semanas y media se convierte en el vehículo necesario para contar la decadencia y el camino cuesta abajo de un luchador de ‘pressing catch’.
El suyo no es ni será el último resurgir de un actor, pero el saber poner lo peor de la propia vida al servicio de la narración ha sido siempre algo que solamente han sabido hacer los más grandes. Rourke ha sido uno de ellos, y quizá lo vuelva a ser con esta película. Cuando eso ocurra, es posible que la anécdota del rodaje de El mexicano se cuente de otra forma.
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