Una llamada de un comunicante anónimo alertaba al 112 a las 14:45 de la colocación de una bomba en la Catedral de León. La voz era de un varón, estaba distorsionada y se identificaba como perteneciente a un comando, aunque no especificaba de qué grupo terrorista.
La Policía Nacional se puso en contacto con los responsables del templo que inmediatamente procedieron al desalojo. En el interior de la seo había en ese momento varios grupos de turistas, procedentes de Alemania y Japón. Los responsables de la catedral aseguraron a los 150 visitantes que debían abandonar el lugar porque debían acometer tareas de limpieza.
Tres dotaciones del Cuerpo Nacional de Policía intervinieron para acordonar la zona y establecer un dispositivo de seguridad para proceder a la posterior revisión tanto del templo como de las instalaciones del museo. Dos horas más tarde y tras comprobar que todo era una falsa alarma re recuperó la actividad normal.





















