Análisis. Ni Francisco Gutiérrez es Marlon Brando, ni el tranvía es realizable. No lo es con los actuales mimbres y el estado ruinoso de la administración municipal. La coalición de gobierno PSOE/UPL, esta sí, esta sí que se parece a Vivien Leigh, la reina de la ilusión y personaje frustrado que solo busca amabilidad, en este caso electoral, a cambio de fantasías. ¿Es el tranvía una fantasía? De momento no va más allá del engatusamiento para cautivar al electorado con un supuesto gesto de modernismo faraónico, que hará las delicias de los que se dedican a la obra pública y poco más. ¿Es una infraestructura clave? Pues no. No lo es, y lo es aún menos en las actuales circunstancias presupuestarias.
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Se necesitarán 96 años para amortizar la inversión
El Ayuntamiento ha hecho saber que el coste del tranvía, de la instalación de una única línea, se aproximará a los 70 millones de euros. Se dice también que se adjudicará su explotación por 40 años a la empresa que lo construye. Se colige que la amortización de dicha inversión es imposible realizarla en menor tiempo. Si el tranvía lo usaran las 70.000 personas que se situán en un radio de 0,5 kilómetros de la línea, tal como sugiere el ayuntamiento que ocurrirá(!) querría decir que cada una de ellas tendría que usarlo por un importe equivalente a 1.000 Euros para amortizar la inversión. Es un cálculo burdo dado que a la inversión hay que sumarle los intereses y los costes de mantenimiento, aspectos cuantitativos que no conviene despreciar. A lo que vamos, si las 70 mil personas lo utilizaran todos los días se despacharían anualmente 25.500.000 billetes por valor de 0,90 € cada uno y un valor total de 22,95 millones de euros. Se necesitarían, entonces, tres años para amortizar la inversión. Si el tranvía lo usara la mitad (35.000 pasajeros diarios) se necesitarían 6 años; si los usara la cuarta parte (17.500 pasajeros diarios), se necesitarían 12 años; si lo usara la octava parte (8.750 pasajeros) se necesitarían 24 años; si lo usara la decimosexta parte (4.375 pasajeros) se necesitarían 48 años; y si lo usara la trigésimo segunda parte (2.187 pasajeros) se necesitarían 96 años para amortizar la faraónica inversión.
Si ustedes hacen cálculos y tienen en consideración el uso actual de líneas de autobuses con similar recorrido sobran las interpretaciones. Construir una única línea de tranvía con el exclusivo propósito de la modernez, con el apoyo de la sostenibledalogía (ideología chusca) cuando las arcas municipales están exhaustas y hacerlo de espaldas a los ciudadanos, es lo más parecido a un despropósito.
El proyecto está muy mal planteado. Es insostenible en los términos que está formulado y no está asociado al interés ciudadano ni a una visión estratégica de la ciudad. Se está formulando de espaldas a los vecinos y es más que evidente que la concesión tendrá contrapartidas relacionadas con la subvención de los billetes a niveles que permitan una amortización razonable en 20 años. Lo que supone, de nuevo, un gasto faraónico, imposible de asumir y acometer.
El Ayuntamiento ha hecho saber que el coste del tranvía, de la instalación de una única línea, se aproximará a los 70 millones de euros
Los proyectos para la galería, fotogénicos, de marketing, nada tienen que ver con el interés general, tienen que ser la consecuencia directa de sistemas de información y participación exhaustivos, con métricas, flujos de pasajeros y consecuencias sobre la movilidad que deben proyectarse con rigor para su evaluación. Un Plan de Movilidad necesita de la participación ciudadana que tiene que considerar sus necesidades y valoraciones. Su construcción es dinámica y consume un tiempo de planificación indispensable, innegociable e insustituible.
Somos capaces de entender el ansía ejecutiva del Concejal de Urbanismo, Francisco Gutiérrez, y la soberbia irreductible de la que presumen algunos arquitectos entrenados intelectualmente para aminorar cualquier criterio que no sea el suyo, independientemente de su atinencia. El Proyecto ‘tranvía’ (una única línea), es un proyecto faraónico y debe quedar constancia de que lo es. Es un proyecto cuyo interés es ajeno, en su actual formulación, a las necesidades de transporte urbano de la ciudad. Estamos ante un proyecto que tal como se ha vestido y ha sido presentado, tiene todos los ingredientes de la polémica. No se comprende.
:: Sin participación ciudadana, dictatorialmente
Un tranvía llamado deseo, es un proyecto de marketing electoral, sin fundamento y dictatorial. No hay 70.000 personas en los aledaños de dicha línea. No se financiará como el ayuntamiento afirma y su uso y utilidad práctica, su rendimiento social, depende de más factores que los de su propia existencia. No hay Plan de Movilidad de Referencia, el Plan debe ser objeto de la participación ciudadana y debe contener métricas y objetivos estratégicos, formulados con rigor. El Plan está ayuno de perspectivas respecto al Alfoz de la ciudad de León y a estas alturas justo es admitir que se trata de una carencia similar a una esclerosis múltiple degenerativa.
Engatusar no es hacer política y hablar para que sobre tampoco es lo más recomendable. Al Concejal de urbanismo le falta humildad y le sobra arrogancia. La arrogancia es descendiente de la ignorancia y la falta de humildad es un pecado capital. Un tranvía llamado deseo, el tranvía de León, no pertenece al séptimo arte, todo lo contrario. No hay modernidad en el proyecto, ni en su contenido ni en sus formas. Hay calzador, hay trágala, demasiada. Un proyecto como el ‘tranvía’, repetimos, necesita consenso, participación popular, integración en un Plan de Movilidad, integración en el Alfoz y rigor. Carencias injustificables. Es un proyecto faraónico que hipotecará la hacienda municipal de sucesivos equipos de gobierno. El deber del consenso y de la participación ciudadana es innegociable.
La pregunta que hay que contestar es si los leoneses podemos hacer frente a semejante inversión. Y digo los leoneses porque nosotros seremos, al fin y al cabo, los responsables últimos de hacer frente a la inversión.
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