Unos peregrinos intentan llegar a lo alto de la Cruz de Hierro en Foncebadón (León), en medio de una tormenta de nieve y viento que ha cubierto la calzada en algunos tramos con más de un metro de nieve
Camino de Santiago. En la cumbre de Monte Irago, junto a la cruz del Ferro, sólo se escuchan los latigazos del viento que arrastra la nieve hacia un bosquete de pinos. En este escenario gélido, solitario, sin apenas visibilidad, los peregrinos se arremolinan junto a la pirámide de piedras y guijarros, puestos allí por los viajeros durante siglos. Esa mañana de finales de enero de 2009 ha amanecido totalmente tapada por un grueso manto blanco. Han llegado calados y exhaustos. Permanecen en silencio, unos admirando el entorno; otros jadeando por el esfuerzo realizado. Les queda el último esfuerzo antes de adentrarse en el Bierzo; subir, hundiéndose en la nieve por una pendiente, casi a rastras, hasta tocar este mástil que, según cuenta la tradición, levantó el monje Gaucelmo con el fin de orientar a los viajeros que se adentraban en estos parajes que, durante el Medievo, permanecían cubiertos de nieve varios meses al año.
El grupo de peregrinos agradece la presencia de este hito jacobeo, la cruz del Ferro, en lo alto de esta montaña, en el Monte Irago, a más de 1.400 metros de altitud, porque hoy sí que ha cumplido su función: “Sin esta señal, nos habríamos perdido, porque no vemos a más de veinte metros”, asegura Ginés, un murciano que comenzó esta aventura invernal en San Juan, a Pie de Port, al otro la de los Pirineos. Después de cumplir con la tradición y arrojar en este montículo la piedra que ha venido trayendo desde que inició la peregrinación, sólo acierta a comentar: “Es uno de esos momentos de plenitud que sólo lo entiende quien ha sufrido, como nosotros, para llegar hasta aquí”.
:: Penalidades
Como fantasmas van surgiendo entre la neblina el resto de mochileros que, con las primeras luces del día, salieron de Rabanal del Camino en una etapa que les llevará hasta Ponferrada
Las nubes de color plomizo casi rozan el suelo de la cima, el termómetro se estancó a varios grados bajo cero. El ambiente es tenebroso y sombrío. Como fantasmas van surgiendo entre la neblina el resto de mochileros que, con las primeras luces del día, salieron de Rabanal del Camino en una etapa que les llevará hasta Ponferrada. Ninguno de estos cuatro andorreros invernales pudo imaginar que, en los siete kilómetros que separan este pueblo maragato de la cumbre, iban a encontrar tantos obstáculos para alcanzar uno de los lugares más celebrados de todo el Camino.
En el albergue de Rabanal ya les alertaron que no podrían andar por la senda tradicional, porque se encuentra tapada por más de un metro de nieve. Deberían transitar sobre el asfalto, por la carretera. “Nos aseguraron, incluso, que ayer por la tarde pasó la máquina quitanieves”, comenta Javier, el último en coronar. Este burgalés ha realizado todo el primer tramo matinal, a su ritmo, en solitario. Aparece “mojado hasta los huesos”. Se ha hundido en neveros de más de un metro de profundidad. “No había preparado ropaje para una jornada como ésta, pero merecerá la pena tanto esfuerzo”, comenta con un hilo de voz, casi sin ver a su interlocutor, porque lleva las gafas cubiertas de pequeñas gotas de agua.
Ginés va mejor pertrechado que su circunstancial acompañante. El murciano se protege con traje de agua, polainas y una enorme capa; mientras que el peregrino castellano se preserva de las inclemencias meteorológicas con un forro polar. Gines no marcha solo, acomete el viaje junto a su amigo Alejandro. Son ya unos veteranos, a los dos les gusta dedicar un mes del invierno a andar, y “ya van para seis”, las veces que han “hecho el Camino en esta época, pero nunca en condiciones tan malas como las de este año”. Todos sabían las dificultades que les esperaban si emprendían este viaje a Santiago, en invierno. “Hay que vivirlo con todas las penalidades, el frío, la lluvia, hasta la nieve. Luego se olvida y sólo queda la satisfacción de haber cubierto un tramo más”, asegura, con entusiasmo uno de los senderistas.
:: Foncebadón
Hay que vivirlo con todas las penalidades, el frío, la lluvia, hasta la nieve. Luego se olvida y sólo queda la satisfacción de haber cubierto un tramo más
La odisea comenzó a apenas un kilómetro de Rabanal. Los peregrinos se toparon con una pareja de agentes medioambientales que tuvieron que parar su vehículo todoterreno y regresar por donde habían subido, porque la nieve cubría la calzada más de un metro de altura. “Ya entonces nos dimos cuenta de que la ascensión iba a ser dura”, narra uno de los protagonistas del episodio. En pocos metros, la carretera desapareció y las únicas indicaciones visibles eran los postes situados a ambos lados de la vía.
Los agentes medioambientales también les advirtieron que encontrarían más nieve conforme se acercasen a Foncebadón. Curiosamente, a las puertas de esta localidad coincidieron con otros cinco andarines que habían pernoctado en el albergue Monte Irago, la única casa abierta en invierno en este pueblo, casi un despoblado, que presenta ese tipo de belleza nostálgica de los enclaves que lleva muchos años muertos. Ni un solo hilo de humo sale de las chimeneas de sus casas. Aislado y casi sepultado por la nieve, parece que se esconden ánimas de 1.000 años entre sus calles.
Como señala el investigador Braulio Valdivielso en ‘Aventura y muerte en el Camino de Santiago’, “es bien sabido que los caminos del Bierzo son, en general, duros y en condiciones invernales crueles, exigentes y muy selectivos”. Para constatar la aseveración recuerda que Künig en su guía en verso del Camino, escrita en el siglo XV, aconsejaba evitar el paso por Rabanal y Foncebadón con esta rima: “Llegas a Astorga/ Pero si quieres seguir mis enseñanzas/ Te dirigirás a mano derecha/ Allí no te arriesgues a pasar por montaña alguna/ Pues al fin todas están a la izquierda/ Te aconsejo que te guardes de Rabanal”.
No son pocos los testimonios que hablan de la nieve que cubría los puertos de Foncebadón, Manzanal y El Cebreiro que, en los tiempos de esplendor del Camino de Santiago, allá por el siglo XI, hacían desaparecer la senda, en la que según detalla Valdivielso, “muchos pobres romeros morían”.
:: Plenitud
Me he dado cuenta de que morir no es más que una de las cosas que nos entristecen. Vivir infelices es otra cosa
Martín no ha debido leer el libro de Künig. Con el rostro ajado por la ventisca que ha tenido que padecer durante toda la ascensión, pero envuelto en una profunda sonrisa, apenas si se ha echado una ojeada al entorno durante la caminata. Andaba preocupado en ganar la cumbre, en no desorientarse y en conservar la capa que, por momentos, se la llevaban las fuertes ráfagas de aire. En la cima es la prueba evidente del sentimiento de felicidad de quien acaba de cumplir un sueño. “Es una maravilla llegar con este tiempo”, asegura este francés de 73 años que lleva caminados 1.550 kilómetros, desde que salió de Grenoble, a principios de diciembre.
Hace ya tres meses que murió su mujer. Tras el entierro, se planteó una pregunta: “¿Me retiro del mundo, como hace alguna gente, o voy a vivir?”. Decidió hacer el Camino de Santiago para no quedarse solo lamentándose en su casa. Como buen montañero, cargó la mochila con lo imprescindible para un largo viaje y cerró con llaves su domicilio.
Sabe que ha superado uno de los iconos más difíciles, pero también más espectaculares, de esta senda. “Santiago está cerca, a 230 kilómetros”, apunta con una sorprendente precisión. No se queja por el cansancio, sólo tiene palabras de agradecimiento. Después de tantos días de caminar en solitario, subir “en compañía de buenos compañeros” que le han dado muchos ánimos para llegar hasta aquí y no estar solo en esta parte tan agreste del Camino, “cumple con creces cualquier deseo”. Este galo enjuto, que camina parsimoniosamente, ayudándose con dos bastones, deja esta otra reflexión, a la que ha llegado tras largas jornadas en solitario: “Me he dado cuenta de que morir no es más que una de las cosas que nos entristecen. Vivir infelices es otra cosa”.
Ni el septuagenario, ni los otros ocho improvisados camaradas que han alcanzado el alto esta mañana muestran cansancio, a pesar de la dureza de esta etapa. Todos superaron tramos donde las piernas se hundían más de un metro en los neveros, se sintieron perdidos por momentos y sufrieron continuos golpes de viento que les retrasó la marcha. A pesar de la adversidad, caminan contentos.
Tras el descanso en la cumbre, el grupo se vuelve a disgregar para emprender el descenso hacia Manjarín, el Ganso, Molinaseca y Ponferrada, donde finalizarán esta etapa. Marchan en silencio, sabedores de la hazaña que han realizado en condiciones ambientales tan adversas. En la despedida, Alejandro deja esta sentencia a sus compañeros: “Sobreponiéndonos a las fatigas es como el peregrinaje adquiere todo su sentido y valor trascendente”.
Las Cámaras de Comercio de Asturias, León y Palencia, reclaman al gobierno que no maree la perdiz y concrete las fechas de llegada del AVE a dichos territorios
Isabel Carrasco: "El Ejecutivo ha fallado "estrepitosamente". Es gravísimo que el Gobierno no haya sabido defender ni antes ni ahora la economía del carbón defendiendo otros mecanismos estratégicos, no españoles"
Carbunión dice que la decisión de la UE de aplazar su decisión sobre los incentivos conduce a las empresas mineras a una situación "insostenible"
Los productos de León se agrupan en 25 Denominaciones de Origen o marcas de calidad. Son un importante motor económico que mueve 360 millones de euros, con 1.500 las empresas vinculadas al sector agroalimentario y que dan trabajo a unas 6.000 personas
El ayuntamiento de León se vuelva a endeudar para abonar la deuda histórica. La entidad financiera paga al proveedor, al titular de la deuda y el ayuntamiento, que en este caso, recibe un préstamo, adquiere una deuda con la entidad financiera
La pieza fue adquirida por el Ejecutivo autonómico en una subasta el pasado mes de diciembre por un precio final de €6.599
El manuscrito medieval, que analizarán los profesionales, es uno de los códices más relevantes de la historia de la música
Los recargos de apremio e intereses que el Ayuntamiento ha cobrado por este concepto deberán ser devueltos a todos los ciudadanos
La Junta deposita en el Museo municipal de Bembibre (León) una lápida y un ara romanas localizadas fortuitamente en las localidades de Almázcara y Arlanza
La presidenta de la Diputación de León anuncia una moción en el pleno a favor del reconocimiento institucional y la defensa de estas administraciones





















