EFE. Ry Cooder, considerado uno de los grandes músicos de los últimos 40 años, habla de su album 'I, flathead', con el que cierra la trilogía californiana iniciada en 2005 con 'Chavez Ravine'
Madrid. Ry Cooder, considerado uno de los grandes músicos de los últimos 40 años, cierra la trilogía californiana iniciada en 2005 con Chavez Ravine y que continuó en 2007 con My name is Buddy con el álbum I, flathead, un disco que “más que buscar en las raíces del rock, viaja al folk y al country”.
Recién cumplidos los 61 años, Ry Cooder habla desde su casa en Santa Mónica (California) y lo hace con la serenidad de la experiencia y el entusiasmo de alguien que, cada vez que graba un disco, busca “contar nuevas historias” y mostrar lo que le preocupa en ese mismo momento, como puede ser la guerra o la crisis mundial.
Para este nuevo álbum, que sale a la venta en España el martes, Cooder vuelve a inventar un personaje ficticio, el músico de carretera Kash Buk y su grupo The Klowns, recreando un universo particular en el que “lo raro es lo normal”.
Qué va a ser de los músicos que empiezan, gente como mi hijo. El panorama que les espera no es bueno, pero no porque haya una crisis de creatividad, que no la hay, sino porque las discográficas se están derrumbando y es imposible para ellos que exista un futuro”
Si Chavez Ravine trataba de esas personas que no encuentran su lugar en el mundo y no tienen memoria histórica, y en My name is Buddy hablaba de la carencia de solidaridad y unidad entre la gente, en este nuevo disco refleja a “ese tipo de juventud desarraigada, que se ha desarrollado tras la guerra y que está obsesionada con las carreras de coches y los objetos paramilitares”· Pero cuando Ry Cooder piensa en las diferencias fundamentales que existen en estos tres álbumes, asegura que no lo sabe “exactamente, quizá que los personajes perfilados en cada uno de los discos son muy diferentes y, por lo tanto, sus historias también”.
En I, flathead el músico norteamericano toca la guitarra, la mandolina, el bajo y además canta. Para la grabación ha contado con músicos de diferentes generaciones, “algunos de ellos grandes veteranos y amigos, como Flaco Jiménez y Jim Keltner”, porque le gusta “tocar en familia”, y también con su hijo, Joachim Cooder, “un obseso de la batería desde que tenía cinco años”.
Además, figuran en los créditos el mariachi Los Camperos, René Camacho en el bajo, Francisco Torres en el trombón, Ron Blake y Jon Hassell en la trompeta, Anthony Gil en el saxo, Gil Bernal en el saxo tenor, Jared Smith en los teclados; Martin Pradler en el piano eléctrico y Juliette Commagere en los coros.
Fueron los acordes de una guitarra española los primeros que escuché cuando tenía unos cinco años
Este guitarrista y musicólogo californiano, fue responsable de la banda sonora de París Texas y productor del exitoso Buenavista Social Club, del que ya no quiere hablar, a pesar de que gracias a ese documental sacara del olvido a un grupo de legendarios músicos cubanos como Elíades Ochoa, Rubén González, Omara Portuondo o los desaparecidos Compay Segundo, Pío Leiva e Ibrahim Ferrer: “Ahora tengo poca relación con ellos. Desde que grabamos en el 2000 el último disco, no hemos vuelto a hacer nada. Ellos tiene problemas en muchas ocasiones para salir del país y yo para viajar allí, quizá si cambia el panorama político lo hagamos, pero además hay que tener en cuenta que los grandes han fallecido; es una generación que está muriendo”.
Responsable también del debut en solitario de Mike Jagger con el tema Memo from Tuner, en este nuevo trabajo Ry Cooder rinde “un homenaje velado” a Jonny Cash, en un tema que se titula así, “lo cierto es que es una canción que habla sobre mí”, reconoce.

El músico no se siente preocupado por lo que a él le pueda afectar la crisis que atraviesa la industria musical: “Qué va a ser de los músicos que empiezan, gente como mi hijo. El panorama que les espera no es bueno, pero no porque haya una crisis de creatividad, que no la hay, sino porque las discográficas se están derrumbando y es imposible para ellos que exista un futuro”.
Cooder, que en casa escucha jazz, blues y rock del clásico, en general “música relajante”, dice que entre sus planes inmediatos no está viajar a España, pero se manifiesta como “amante de los clásicos de la pintura española, de sus compositores, y, por su puesto, del flamenco. “Es más —añade— fueron los acordes de una guitarra española los primeros que escuché cuando tenía unos cinco años”
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