![]() Crisis. Los 442.240,5 millones de euros inyectados por el Banco Central Europeo en la eurozona y a un año y a un tipo fijo del 1%, crearán una ilusión pasajera pero no lograrán el propósito principal de hidratar el sistema financiero. Los políticos tienen problemas graves, severos, de comprensión del problema, y sus expertos, deudos del sistema financiero convencional de donde proceden y para el que trabajan, tienen problemas agravados de fuerte contaminación por un régimen financiero y monetario que se desploma. Las emisiones masivas de dinero nos empobrecen, debilitan nuestra capacidad adquisitiva y retraen la circulación del dinero La sucesión de tácticas, bajar los intereses hasta el 0% interés, inyectar liquidez, comprar deuda pública, se están revelando inocuas para enderezar un sistema en el que nadie cree y del que nadie se fía, principalmente, el propio sistema financiero que se da por muerto y liquidado en la mayor parte de casos y que permanece a la espera de un cristiano y generoso funeral. Los políticos pueden engañar a todos pero de ningún modo pueden engañar al sistema financiero. Ellos saben que la fiesta ha terminado. Algunos se lo creen más y otros menos. Nadie discute que se avecinan cambios profundos y que el negocio financiero, como tal, ya ha mutado. El propio sistema financiero está atento y expectante ante los nuevos acontecimientos. Entretanto, se producen se comporta con apariencia de normalidad y están acudiendo como no podía se de otro modo a por la pasta que ha puesto a su disposición el BCE. La eurozona ha optado por ampliar la base monetaria, con criterios locos, siguiendo la estela de Estados Unidos y del Reino Unido, saltándose el Pacto de Estabilidad a la torera y poniéndose el futuro por montera. Todo es incertidumbre y nadie, ni remotamente puede predecir lo que ocurrirá en los días, semanas o meses próximos. Y no obstante, o ampliaban la masa monetaria o la eurozona colapsaba. Lo paradójico es que ampliando la masa monetaria la eurozona solo logra comprar tiempo. A muchos lectores les parecerá sorprendente que después de una emisión monetaria de tan grueso tamaño, apenas se logre comprar tiempo. Mientras más dinero se inyecta menos transacciones se producen, menos circula el dinero y más se contrae la economía Los bancos compran dinero a precios de saldo para enfrentarse a la morosidad, para hacer provisiones, para aumentar el coeficiente de caja, para atender sus propios compromisos financieros, para pagar los carísimos depósitos que están captando y, en suma, para sobrevivir, a la espera de un cristiano funeral. El banco se queda con el dinero y los particulares, los que pueden ahorrar, conservan su dinero. Mientras más dinero se inyecta menos transacciones se producen, menos circula el dinero y más se contrae la economía. La percepción del dinero, de su valor de cambio, está muy deteriorada. Y la proliferación de dinero no logra disipar la aguda percepción de que son muchos los sectores económicos que tendrán que reorganizarse y reestructurarse. Compás de espera. Todo al revés de cómo se pretendía. Contra la contracción del PIB y la pérdida de confianza, contra la recesión de nada sirven las inyecciones masivas de dinero. Se necesitan reformas estructurales profundas, escenificar los grandes cambios que necesitamos, otorgar tiempo para que sean asimilados y esperar a que se reorganice la oferta de bienes de consumo, de equipamiento y de servicios. Cuando tal cosa ocurra será el mejor síntoma de que la confianza ha vuelto. La crisis es sistémica y no sirve dar a la rueca de soluciones fracasadas. Las inyecciones dinerarias masivas, el aumento de la masa monetaria, al mismo tiempo que se contrae el PIB, es un esfuerzo que no pasa de un tente en pie. Más dinero para menor PIB, equivale a la devaluación efectiva y constante del valor del dinero. Las emisiones monetarias debieran estar flanqueadas por ajustes estructurales proporcionales a las urgentes y graves necesidades y tal cosa, es desolador, no está ocurriendo. Las emisiones brutales de dinero nos empobrecen, debilitan nuestra capacidad adquisitiva y retraen la circulación del dinero. Las gentes lo atesoran, lo acumulan y lo hacen todos los agentes sociales, los que más, el sistema financiero. El único que los gasta sin orden ni concierto, son las administraciones, aquellas entidades que no responden ante nadie y que no están obligadas a dar explicaciones sobre la eficiencia de todas sus decisiones de gasto. |
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