León. Es una anomalía sin precedentes, y a la vez sin justificación alguna, que la capacidad de inversión de Castilla y León, y la reflexión sirve para el resto de España, se haya concentrado en un 60/80% en la promoción inmobiliaria cuando dicho sector representa alrededor del 18% del PIB. ¿Nadie es responsable?, ¿absolutamente nadie?, ¿los Consejos de Administración de nuestras entidades de ahorro no tiene nada que explicar? Los platos rotos de su gestión están afectando de manera dramática a todo el tejido empresarial, sin excepciones. Y lo que es más grave, el sector financiero regional poco puede hacer por los demás. Es el propio sector financiero el que necesita más ayuda, mucha y rápida. Estamos ante una crisis de intensidad poco común.
La fusión de las Cajas de Ahorro regionales serviría para dos cosas que son innegociables, asegurar la supervivencia de la economía que representan y lograr un tamaño, factor crítico, estructural, de capital importancia, para seguir operando como hasta ahora, como ellos desean y saben hacer, con un negocio financiero convencional. El papel de las Cajas de Ahorro como entidades con fines sociales hace tiempo que dejó de ser un objetivo creíble. No existen auditorías sobre la ejecutoria de dichos fines sociales.
Estamos en época de vacas flacas para el sector financiero y conviene a todos, sobremanera a sus principales protagonistas, tañer poco las campanas
La Obra Social se utiliza para indultar una actividad, la financiera, que la imaginación popular, atizada por políticos y gentes sin escrúpulos, cáspitas, considera indecente. Sirve para persistir en tamaño disparate y para distorsionar productos y servicios financieros que todos utilizamos profusamente. La tarea de una entidad financiera es producir servicios y rendimientos a sus clientes. Las Cajas de Ahorro debieran prestar más atención, a través de su integración o fusión, a sus necesidades reales: salvar la economía que representan, sanear sus balances, capitalizarse de manera convincente, con una estructura de propiedad más sólida y abandonar su condición de brazo financiero de las clases políticas locales que las parasitan. Fusionarse con rapidez y sabiendo para qué, es muy deseable. Por el contrario, dilatar dicho proceso puede inducir un desastre. Es urgente abrir la espita de las fusiones, abandonar los números de ficción, sacar los cadáveres del balance y rearmarse, esto es, capitalizarse apropiadamente.
Estamos en época de vacas flacas para el sector financiero y conviene a todos, sobremanera a sus principales protagonistas, tañer poco las campanas. ¿Por qué el Alcalde de León rechaza la fusión de las Cajas? ¿Acaso piensa hacer frente con los presupuestos municipales a la actual situación del sistema financiero?, ¿olvida el Sr. Alcalde, Francisco Fernández, que es responsable de los estados financieros de la Caja que Vicepreside? La fusión de las Cajas de Ahorro es un proceso que necesita sensatez, celeridad y ninguna demagogia.
El negocio financiero ha mutado hace tiempo y está en fase de reinvención aguda
La guerra de casamatas, la resistencia activa de las distintas Cajas a la fusión, poco beneficio hace al modelo financiero regional y a sus propias necesidades de capitalización. La presión que ejerce la necesaria fusión sobre su cuenta de negocio y que tanto afecta a la percepción social que se tiene de cada marca, con dudas sobre su supervivencia, debiera ser motivo suficiente para que las partes se pusieran manos a la obra. Y si la voluntad de las partes flaqueara, y es el caso, debieran contemplarse otras vías para acelerar el proceso. Se necesita, repito, sensatez y en abundancia. Añadir más zozobra e incertidumbre a la ya existente en el sistema financiero nacional y regional, es jugar con azufre y todos sabemos que arde, que explota y que además apesta cuando se convierte en ácido sulfúrico. Estamos hablando, ojo, de los ahorros de la clase media de la región.
El negocio financiero ha mutado hace tiempo y está en fase de reinvención aguda. La red convencional de servicios tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir en el tiempo. El sistema financiero tienen tres objetivos inmediatos:
1) Atender las necesidades monetarias de los ciudadanos y de las empresas, área que se gestionará en modo autoservicio en un 95% de actuaciones con las nuevas herramientas de gestión (Internet).
2) Atender las necesidades de capitalización del tejido económico, tarea para la que es imprescindible generar la figura de los FIL (Fondos de Inversión Local) pensados para capitalizar nanoempresas, microempresas y pequeñas empresas, fondos inexistentes e imprescindibles y de importancia estratégica. Y generar, asimismo, los FIR (Fondos de Inversión Regionales) para tomar participaciones en empresa de tamaño medio y grande.
3) Atender las necesidades de inversión de las administraciones, tarea para la que se necesitan los FLIP (Fondos Locales de Inversión Pública), dirigidos a Instituciones locales, y los FRIP (Fondos Regionales de Inversión Pública).
Fondos que deben ser independientes, independientes de verdad, independientes de la entidad o entidades de ahorro resultantes de la fusión. Fondos que deben disponer de su propia estructura de capitalización, explorando la vía del capitalismo popular, y la retroalimentación con sus empresas o entidades participadas.
Estamos en el siglo XXI y nos enfrentamos a situaciones económicas kafkianas. Me refiero a microempresas, pequeñas empresas, medianas y grandes, con su cuota de mercado, en números negros y sin valor de mercado, irrealizables monetariamente ni siquiera parcialmente
Mientras no existan las figuras jurídicas y fiscales apropiadas, los Fondos de Inversión Local debieran constituirse como sociedades anónimas al uso con un objetivo declarado, fortalecer el tejido empresarial que crea puestos de trabajo, el que los crea de manera efectiva, y hacer líquidas sus participaciones. Hacer líquida la pequeña economía se puede lograr de muchas maneras, la más sencilla haciendo cotizar el Fondo de Inversión Local, pero existen otras.
La microempresa y pequeña empresa, necesita ser líquida, convertible con facilidad en dinero. La estrategia actual de llevarla a valor cero es despropósito y desde el punto de vista económico una acto de enajenación. Si una empresa de dos trabajadores crea cuatro, y es un proceso que se replica , el perfil económico de la zona cambia radicalmente. La expansión de tecnologías de producción y gestión para cantidades pequeñas está reinventando la economía.
Estamos en el siglo XXI y nos enfrentamos a situaciones económicas kafkianas. Me refiero a microempresas, pequeñas empresas, medianas y grandes, con su cuota de mercado, en números negros y sin valor de mercado, irrealizables monetariamente ni siquiera parcialmente. El trabajo de toda una vida, de una o varias generaciones, el valor añadido acumulado, es irrealizable desde el punto de vista financiero, es decir, no se puede convertir en dinero. La economía regional es poco convertible en términos monetarios. ¿Tiene sentido, es eso justo? Las estrategias del actual sistema financiero regional no parecen ser de este mundo. Gestionan buena parte del ahorro regional, extenuándolo, con efectos muy perversos sobre la economía regional.
La economía son personas, estamos en la era del conocimiento y se necesitan nuevas habilidades sociales, sobre todo en el campo de la actividad financiera. O se adquieren o el despegue económico de la región será muy lento y farragoso. Las finanzas, su quehacer, son decisivas para la actividad empresarial ordinaria. Somos una región con extraordinaria riqueza, territorio, patrimonio, gentes bien formadas, y mucho oficio. No poner en valor tan gigantesco potencial es dispararse al propio pie cuando se pretende caminar. Necesitamos mayor determinación y otra actitud. No somos pobres, pobres son en Malaui, pero si nos empeñamos, eso sí, terminaremos siendo más pobres que en Malaui o si se prefiere, tontos cúbicos.
Los castellanos y leoneses no necesitamos una Caja España o una Caja Duero… Lo que de verdad necesitamos son nuevos instrumentos financieros, más útiles y, ahora mismo, inexistentes. Son iconos del pasado. El negocio financiero ha cambiado y lo ha hecho dramáticamente. El futuro nunca espera.
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