Pablo V. Gejman. Director del Instituto de Investigación HealthSystem de la Universidad NorthShore (EE UU)
Biomedicina. La semana pasada la revista Nature presentaba en Londres tres estudios que identificaban, por primera vez, una colección de variantes genéticas que pueden estar relacionadas con el riesgo de padecer esquizofrenia. SINC ha podido hablar con Pablo V. Gejman, autor principal de uno de los trabajos publicados y director del Instituto de Investigación HealthSystem de la Universidad NorthShore (EE UU) para conocer el futuro de estos biomarcadores genéticos.
La mitad de los genes que se encuentran en esa región del cromosoma tienen que ver con funciones inmunológicas y con funciones de combate de las enfermedades infecciosas —El estudio que has realizado con tu equipo durante más de una década analiza una muestra de 9.000 individuos residentes en EE UU para señalar los vínculos del riesgo de sufrir esquizofrenia y trastorno bipolar con algunas variaciones genéticas, en especial el papel del cromosoma 6p22.1, que alberga genes responsables de la inmunidad. ¿La clave de la esquizofrenia está en los genes? —En tu estudio apuntas que el cromosoma 6p22.1 posee los genes responsables de la inmunidad… —¿Cuáles son las aplicaciones de tu estudio en las personas enfermas? —Entonces, hoy los pacientes sólo cuentan con los medicamentos… —¿Por dónde irán las próximas investigaciones? —¿Podríamos tener en el futuro biomarcadores multigenéticos para la esquizofrenia?
Hay que dejar claro que los efectos genéticos de la esquizofrenia son muy pequeños y están condicionados por el medio ambiente. En realidad, ninguno de los tres estudios encontró datos que fueran significativos a nivel genómico. Cada uno de los trabajos confeccionó una lista con los marcadores más significativos y encontramos que en una zona del brazo corto del cromosoma 6 había marcadores. En esta región cromosomal hay más de 100 genes, y todavía no sabemos cuáles de ellos explican esta asociación. En definitiva, sabemos que ahí hay algo para la esquizofrenia pero no sabemos qué.
Sí, la mitad de los genes que se encuentran en esa región del cromosoma tienen que ver con funciones inmunológicas y con funciones de combate de las enfermedades infecciosas. Muchos de los individuos analizados nacieron en otoño e invierno, y existe cierta evidencia epidemiológica que muestra la relación de la esquizofrenia con las infecciones típicas de esta época o una reacción inmunológica de la madre. Aunque esa evidencia no es terriblemente robusta.
Todavía no hay aplicaciones directas, lo que estamos haciendo es entender cuáles son los riesgos genéticos. Sin embargo, no sabemos cómo se puede aplicar. No podemos decirle a una familia si su futuro hijo va a tener o no esquizofrenia. Los datos todavía no son lo suficientemente comprensivos como para dar esa información. Porque esta no es una genética simple; se trata de una genética compleja con muchos factores ambientales que se conocen muy poco. Por eso hay que seguir investigando para comprobar lo establecido.
A las personas que sufren esquizofrenia se las medica mucho, pero no sabemos realmente si los pacientes funcionan mejor cuando toman medicación que cuando no lo hacen. La medicación tiende a mejorar la enfermedad y elimina algunos síntomas, pero no la cura. Lo que sí sabemos es que, en general, los pacientes están mejor con ella, ya que pueden vivir con su familia y tienden a consumir menos drogas. Pero no hay que olvidar que la medicación tiene efectos colaterales que pueden ser muy importantes, como la ganancia de peso, o la diabetes.
Muchos grupos de investigación van a empezar a estudiar esta región del cromosoma 6 a través de técnicas de secuenciado genético. Será la primera vez que se conozca realmente cuál es la diversidad genética y si existen mutaciones asociadas a la esquizofrenia. Otros grupos estudiarán las características de expresiones genéticas de esa zona para tratar de relacionar, en análisis combinados, las diferencias de las secuencias genéticas con las diferencias de la expresión genética. Otros investigadores se concentrarán en expresar o eliminar estos genes en modelos, por ejemplo, de ratones, y ver cómo eso afecta a la conducta o a la función cerebral. Es como si se fuera a escribir un libro y sólo lleváramos el primer capítulo.
Depende de la complejidad biológica de la enfermedad, y todavía no conocemos realmente cuán profunda es. Es posible que en algún momento tengamos marcadores no comunes en la esquizofrenia, que al detectarlos indiquen que la probabilidad de enfermedad va a ser alta. Una de las razones por las que los marcadores comunes en esquizofrenia son menos predictivos es que los efectos genéticos son muy, muy pequeños y no tienen valor predictivo, es decir, que no se puede hacer diagnóstico basado en estos datos. En la medida que progresemos más, podremos llegar a eso, pero es una cuestión muy peligrosa, y prefiero ser bastante cauto con el tema. No pretendo que las madres y padres comiencen a hacer análisis genéticos por temor a que sus hijos puedan desarrollar esquizofrenia, con algo que no tiene ningún valor predictivo. La genética va a mejorar, pero el tratamiento también lo hará y los pacientes podrán vivir mejor. Así que no creo que en ningún momento se llegue a decidir abortar porque existan genes asociados al riesgo de esquizofrenia.
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