Por José Carlos Rodríguez · Instituto Juan de Mariana. Obama, Barack H., está estudiando a Lincoln, Abraham, con el que tiene una auténtica obsesión. Juró el cargo sobre su misma Biblia y está dispuesto a utilizar la presidencia del primer republicano en la Casa Blanca como un misal. Está estudiando, en concreto, su política económica como guía para la crisis que nos aflige. Que Dios nos asista. Pues, si bien George W. Bush ha sido un presidente muy malo para la economía, Obama puede llegar a serlo mucho peor.
Con Lincoln tuvieron lugar por primera vez en aquel país dos instituciones que han mermado su libertad: el impuesto sobre la renta y el reclutamiento obligatorio (la conscripción)
Lincoln tenía una visión muy clara de lo que quería, y es lo que Henry Clay había llamado “sistema americano”, basado en tres ejes: las inversiones públicas (el intervencionismo), el inflacionismo (que se manifestó en la creación de un sistema bancario nacional) y el proteccionismo a ultranza. Las condiciones de mediados del XIX y comienzos del XXI son muy distintas, pero lo que no tiene por qué cambiar es la ambición de la clase dirigente de acaparar un poder creciente y la inspiración de los intereses creados, de los grupos que ganan al amparo de ese poder. En Obama, ese deseo ilimitado de ganar poder se une al desprecio de la Constitución como límite del mismo y la concepción del poder como instrumento para el cambio social. Súmenle a ello ese especioso adanismo de pretender que no había nada anterior a él y la insistencia, tan propio de los totalitarios, en un futuro completamente nuevo y esplendoroso.
Bush ha destacado por ser un intervencionista y empeorar la ya de por sí compleja, pesada y costosísima regulación de aquel país. Barack Obama, si se inspira en Lincoln, será aún más intervencionista. Lincoln impuso la primera tarifa aduanera de larga duración con fines proteccionistas. Ir al proteccionismo en plena crisis nos llevaría exactamente a la política de otro de los ídolos de Obama: Franklin D. Roosevelt, que acentuó la crisis del 29 cercenando el comercio internacional. Y el inflacionismo, que es lo que nos ha llevado a esta crisis, será a su vez la política que adopte el nuevo presidente.
Con Lincoln tuvieron lugar por primera vez en aquel país dos instituciones que han mermado su libertad: el impuesto sobre la renta y el reclutamiento obligatorio (la conscripción). El hombre de confianza de Obama, Ralph Emmanuel, ha propuesto un reclutamiento obligatorio, pero no con fines militares, sino civiles. El ciudadano, visto como un peón para la política del Gobierno. Y, claro es, Lincoln es el presidente que más ha hecho por centralizar el poder en Washington y por minar los derechos de los estados, todo ello en nombre de la unidad. Esa unidad que es parte esencial del discurso de Obama.
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