Es oficial. Lo dijeron ésta mañana por la radio. No lo dijo uno cualquiera, no. Lo dijo el Comisario Europeo de las Perras. No un taxista espabilao ni un cuñado con afán de protagonismo. Ante la pregunta no esquivable de: “¿cual es la clave de ésta crisis?”, el tío, sin despeinarse, dijo que lo primero era saber dónde está el dinero, porque ni flores. O sea, como en los mejores tiempos de las pelis de piratas y tal. ¿Dónde coño está el botín (con perdón), en Barbados o en Tortuga? Me traigan la cabeza de Long John Lehman y de su brother. Hasta del loro quiero la testuz. La otra perla que soltó el susodicho CEP (Comisario Europeo de tal y tal…) fue ante la pregunta de cual era el origen de la crisis. La avaricia, dijo. Coño, ya ni paños calientes ni nada. Nada de “ajustes estructurales de amplio espectro que devienen en efectos colaterales a nivel mundial…”. No, no. AVARICIA. La de toda la vida. Con un par. Si te lo vas a llevar calentito, pues llévatelo todo. El otro día salían los currelas de Wall Street, con cara de haber fumado peyote, con cajas de cartón en la mano. Los féretros del capitalismo. Ahí llevan el producto de su trabajo. Nada. La NADA más absurda y absoluta. Y uno soltó una perla legendaria. Dijo que ya lo veía venir porque llevaban mucho tiempo sin jefes. El camino hacia el desastre sigue al pie de la letra los dictados de la física. Tiene una inercia del dos. ¿Y qué me dicen del repentino intervencionismo de bancos europeos, mundiales, japoneses y suizos para que no se caiga el chiringuito del todo? Resulta que los mercados se auto regulan. El estado estorba. Que no se meta en lo nuestro. Pero cuando de tropezón pasamos a hostia y de la misma al hostión hasta el mismo George W. Bush El Sagaz sale a hacer una incendiaria y decidida defensa a ultranza de la intervención y avisa que pasta, la que haga falta. Mientras, niños y niñas, al otro lado del mundo, en ésta España nuestra que es como el musgo, que no da flores pero aguanta lo que le echen, un presidente socialista y obrero y español defiende el buen rollo de la economía libre de mercado y su autorregulación mientras el presidente de la patronal empresarial dice que tendríamos que hacer “una pausa en la economía de mercado”. Qué caña. El mundo al revés que ni Borges ni Lewis Carroll hubieran imaginado. Si hace unos años hubiéramos viajado hacia el futuro y leemos los periódicos de hoy nos da un chungo. Fijo.
Pero lo mejor ésta semana ha sido saber que nuestros consultores, economistas, brokers de todo pelo y condición y demás familia que sólo caminan sobre parquet no flotante no tienen sus habilidades en lo suyo. De pasta no saben casi nada. Les quedan muy bien los emidiotuccis y cuando hablan por el móvil a las chicas de Serrano se les paran los pulsos, pero su verdadero talento está en la poesía. Apártense rapsodas aficionados o laureados creadores de versos. La frase de la semana no la dijo Saramago ni José María Álvarez ni salió de ninguna mesa del Gijón. La frase la pronunció uno de los de la corbatilla y la gomina, de los de los fondos de inversión y tal. Dijo que ésta crisis era imprevisible porque navegábamos por aguas sin cartografiar. Qué cabronazo. Aguas sin cartografiar. Así, sin darse importancia. Que le den el Premio Nacional de Algo. El dinero, pues, no existe. Es una falacia por momentos divertida, a ratos dramática. Ahora me explico yo tanto afán de algunos por atesorar billetes de quinientos. Son unos sentimentales. Tanto especular con dinero de mentira, se les cae una lagrimita cuando ven uno morao de los de verdad y, qué chiquillos, lo guardan con cariño en su hucha, no vaya a ser. Por lo demás he sabido ésta semana que los bancos de aquí han perdido cincuenta mil millones, aunque un Mandamás de las Perras ha salido rápidamente a decir que eso no era exacto. Decía el buen hombre que no es que se hayan perdido, sino que los bancos españoles valen hoy cincuenta mil millones menos. Un mundo de alegría y emoción, como decían Gabi, Fofó, Miliki, y Fofito. Ya me quedo más tranquilo. Y además vacilo. Hoy me ha llegado un deuvedé muy chulo de rock´n´roll. Me ha costado 23,30 euros. Bueno, en realidad no es eso. En realidad es que hoy valgo 23, 30 euros menos que ayer. Cuando me cruzo con mi chica por el pasillo le digo: “hoy me he depreciado, cariño, pero seguro que mañana por la mañana experimento un repunte”. ¿Mola, no?





















